Diego Otiniano tiene discapacidad auditiva
Al estudiante lo ayudó un intérprete, no solo en este examen, si no durante toda la carrera.
«Muchas felicitaciones para ti, has aprobado realmente con éxito», le dijo una de las profesoras que integraban la comisión de evaluación, mientras en la sala se escuchó un aplauso cerrado.
El 14 de noviembre se vivió un hito en la historia de la Universidad de Santiago. Diego Otiniano, de 24 años, se convirtió en el primer estudiante sordo de esa casa de estudios en completar todo su proceso universitario y en defender su tesis íntegramente en lenguaje de señas. Y lo hizo con distinción máxima, porque su exposición fue valorada con nota 7.
«Me sentí un poco nervioso, pero también feliz y muy orgulloso por haber logrado terminar mi carrera. Fue un momento muy importante para mí», cuenta el alumno de Tecnología en Construcciones, quien defendió su tesis titulada «Diseño de una casa adecuada para personas con discapacidad auditiva utilizando herramientas de domótica».
«En este caso Diego presentó un video donde él aparece explicando su trabajo en lengua de señas. Pero además, el video tenía subtítulos y la voz de un intérprete. Es decir, cualquier persona podía tener acceso a recibir la información», dice Carla Vilches, del Departamento de Inclusión y Derecho a la Diferencia de la Universidad y quien ofició de intérprete del alumno durante el examen.
«Trabajé mucho durante varias semanas. Fue difícil. Practiqué mi presentación con el apoyo de mi profesor guía y el de mis intérpretes. Lo más difícil fue explicar bien los conceptos técnicos, pero logré hacerlo bien. La domótica son sistemas que ayudan a automatizar las funciones domésticas, como por ejemplo prender luces, controlar la temperatura o abrir y cerrar puertas. Todo se programa desde una central que está dentro de la vivienda y se puede controlar desde el celular», detalla por escrito, el recién titulado.
Diego ingresó a la Usach en el 2021 mediante el Programa de Acompañamiento y Acceso Efectivo (PACE). «Lo que hicimos, en conjunto con muchas unidades de la universidad, fue un acompañamiento académico el cual consistía en realizar ciertas adecuaciones en el formato de ciertas evaluaciones o de cómo se disponían las clases, mas no en el fondo de esto ni en los contenidos. No hubo disminución en la exigencia», explica Vilches.
¿Cómo eran las clases, Carla?
«Diego siempre fue de manera presencial, con una asistencia excelente. En las clases estuvo acompañado de un intérprete, quien traducía en lengua de señas lo que decía el profesor y también era la voz de Diego ante los profesores. Esto se gestionó de distintas formas. Generalmente se postula a fondos de Senadis para su financiamiento. Pero este último año, en el caso de Diego, la universidad gestionó los recursos».
Diego cuenta que su mayor dificultad durante los cuatro años de estudio fue la barrera idiomática. «Fue un desafío entender algunos contenidos tecnológicos complejos, pero con mucho esfuerzo y apoyo logré superarlo». Vilches aclara que la lengua de señas es un idioma y no es universal. «Cada país tiene su lengua, de hecho por regiones a veces hay diferencias en vocabulario. Además para Diego su primera lengua es la de señas. El español escrito, es su segunda lengua. Con sus compañeros se comunica por Whatsapp o gestos».
«Me gustaría trabajar en el área de la construcción, en proyectos de viviendas accesibles e inclusión», agrega el joven.


