Al esposo de la senadora Yasna Provoste le quitaron el auto cuando la fue a buscar al terminal aéreo
Al esposo de la senadora Yasna Provoste le quitaron el auto cuando la fue a buscar al terminal aéreo
Domingo, pasadas las 21 horas, caletera de Vespucio Norte, a pocos metros del Aeropuerto de Santiago. Mauricio Olagnier conduce su vehículo para recoger a su esposa, la senadora Yasna Provoste (DC), que viene viajando en un vuelo proveniente de Copiapó.
De pronto, un auto se le cruza por delante y le corta el paso. Se bajan seis sujetos armados. Uno de ellos se le acerca y, sin provocación alguna, como por protocolo, le pega un culatazo en la cabeza. Lo sacan de manera igual de violenta y se llevan el auto, un celular y hasta el anillo de matrimonio.
Cuando la senadora se entera que su marido había sido víctima de una encerrona, va directo a la Comisaría del Aeropuerto, adonde le dijeron que lo habían trasladado. Pocos minutos después, acompañó a su marido a constatar lesiones al SAPU, en donde se encontró con otras personas heridas en otras encerronas: un señor mayor con un ojo morado, un joven con la polera rota y toda ensangrentada y una señora de edad a la que habían zamarreado para robarle el collar. Todos ellos iban o salían del aeropuerto.
Punto caliente
Hace dos años, el Ministerio Público entregó un listado de los puntos calientes donde se concentraban las encerronas en la capital. En general, correspondían a intersecciones de carreteras. Entre ellas estaba la Ruta 68 con Vespucio Norte, que es por donde se meten los autos que van al aeropuerto desde la Alameda; el Parque ENEA, donde hay una serie de tréboles que conectan el aeropuerto con Vespucio; y la Costanera Norte, con la salida 31, que da al aeropuerto.
La explicación de por qué se producen tantas encerronas en estos lugares es bastante entendible, explica Matías Garretón, investigador del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (Coes): «Son lugares solitarios, con pocos testigos, con pocas cámaras y con muchas alternativas de escape», dice. «Y al aeropuerto llegan autos a todas horas, de madrugada, que son los horarios preferidos para robar autos».
Johnny Cortés, vicepresidente de la Agrupación de Trabajadores del Aeropuerto de Santiago, dice que «las encerronas a los trabajadores del aeropuerto se han hecho comunes en los últimos cuatro a cinco años».
«No solo roban autos, sino también a trabajadores que llegan en bicicleta, a los peatones», agrega. «La encerronas se concentran en los accesos. Cuando los autos salen de la carretera y se meten a los accesos, que son curvas, y deben disminuir la velocidad. Muchas veces se meten a las van de pasajeros y les roban todas las pertenencias a todos».
Julio Cavalli, propietario de una empresa de transportes de pasajeros al aeropuerto, cuenta que uno de los autos de su flota fue víctima de una encerrona, pero es algo que les pasa a todas las empresas del rubro.
«Tengo grupos de Whatsapp con cientos de choferes y a cada rato aparecen videos de encerronas o intentos de encerronas en el aeropuerto», dice. «Antes se concentraban cuando uno salía del aeropuerto y se dirigía a la Ruta 68, pero ahora se trasladaron a ENEA. Allí uno disminuye la velocidad (por los tréboles) y se arma a veces un cuello de botella y uno queda atrapado. Después los tipos escapan por Vespucio, por la Ruta 68, por la Costanera Norte. Tienen un montón de alternativas».
Hasta cuándo
El caso es que, sabiendo todo el mundo que el aeropuerto es un punto caliente de encerronas, ¿por qué no se toma una medida para frenar esto?
Garretón tiene una explicación al hueso: «Porque no podemos poner una patrulla de Carabineros en cada intersección de carreteras las 24 horas del día. Las policías no dan abasto, así de simple».
Además, agrega, los delincuentes «no son idiotas». Antes de cometer un delito, dice, «estudian el lugar y ven si hay carabineros. Si ven la presencia de policías, van a otro lugar y así se van rotando, hasta, a veces, llegar al punto de partida».
En el caso concreto del aeropuerto, el ex coronel de Carabineros, Marcelo Valdebenito, asesor en seguridad y especializado en delitos violentos, dice que las policías que trabajan en el aeropuerto, tanto la PDI como Carabineros, se dedican «a garantizar la operatividad del aeropuerto, pero no a materias de seguridad. Y eso no puede seguir así».
Para subsanarlo, propone una alianza público y privada, con guardias privados en coordinación con Carabineros, «como ocurre en ciertas comunas con bastante éxito».
Carretón, en cambio, cree que la solución es otra: «Las encerronas, en general, se van a terminar cuando metan presa a la inmensa mayoría de los tipos que las cometen. Es decir, cuando descubran que tienen una alta probabilidad de irse presos. Eso es lo más disuasivo».
Por lo pronto, agrega, «sería bueno aumentar el número de cámaras con inteligencia artificial que detecten estos delitos, algo que se ha probado con éxito en otros países, y una mayor luminosidad en las intersecciones».
Ni Carabineros ni la Fiscalía Occidente -a la que le corresponde ese sector- ni la Subsecretaría de Prevención del Delito accedieron a responder preguntas para este artículo.
«Las encerronas se van a terminar cuando metan presa a la inmensa mayoría de los tipos que las cometen», Matías Garrido, investigador Coes.


