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Estrujan las chauchas y les sacan partido a ser visita
Pasan los años, pasan los veranos y los minos argentinos siguen encantando a las chilenas. No suenan a chiste repetido ni se destiñen. ¿Por qué? A continuación, un grupo de mujeres intenta explicarlo.
René Valenzuela A.
No piropean, van de frente.
Si le gustaste a un trasandino, te lo va a decir en la cara. No se esconde entre los amigotes para gritarte leseras. Y te lo dicen con alegría y humor. «Son humor rápido y sociables», apunta la psicóloga Catalina Hernández. «Los argentinos encantan con las palabras», añade Josefa Ríos, 26, estudiante de Derecho.
Tienen un doctorado en estrujar chauchas.
Nunca entenderás cómo ni cuándo, pero ellos se bancan cualquier crisis económica y logran llegar a Reñaca o el balneario de moda y carretear, aunque arrienden entre 12 un departamento para cuatro. «Y eso es admirable, ellos saben pasarla bien», dice Carolina Jiménez, cosmetóloga de La Serena.
¿Cancheros? Iguols.
«Llama la atención el desplante de ellos y la simpatía, te abordan con una sonrisa, se creen minos aunque no sean lindos y eso ya es un enganche», comenta Isidora Gavilán, socióloga. «Es que su base es ser extrovertidos y cancheros», suma Nicole Fuentes, periodista que pololeó con un trasandino.
No tienen miedo a sacarse la polera.
En el país vecino, los hombres tienen la costumbre de hacer ejercicio y se nota. «Es que los argentinos le rinden culto al físico, por eso son guapos», señala honesta Nicole. «Vas a Buenos Aires o Córdoba y hay casi puros minos ricos y bien vestidos en la calle», precisa. Los chilenos recién empezaron con esto del ejercicio.
Un loco amor de verano, nada más.
La ecuación es simple: argentinos vuelven a Argentina. Así que se puede gozar de touch and go, amoríos y demases sabiendo que él pronto estará a miles de kilómetros. ¿Quién anda pensando en proyectarse? «Como no viven acá, se puede tener un romance de verano y listo, y eso es una ventaja», señala Josefa. «La aventurita con un extranjero es algo cualquiera la hace, sobre todo en la locura de vacaciones», opina confiada Nicole.
Le sacan partido a ser visitas.
«El acento tiene su encanto y marca diferencia», asume Catalina. Y no lo esconden. Se sienten distintos y lo hacen notar.
¿Un matecito?
Pusieron de moda esta amarga bebida y, obvio, invitar un mate en la playa para un argentino es su pase gol en la cancha del joteo. «Aunque prefiero el mate chileno, invitarte a tomar mate es un gancho. Ellos no imponen su cultura, sino que la comparten», dice Mariana Céspedes, química farmaceútica.


