Socavón en Algarrobo: expertos explican riesgos para condominio

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En el sector El Yeco, la erosión del terreno encendió la alerta entre residentes y especialistas

Caso refleja la tensión entre urbanización, lluvias intensas y la fragilidad del terreno costero.

Un deslizamiento de más de 60 metros se abrió en el sector El Yeco, al norte de Algarrobo, tras las últimas lluvias. El socavón está a metros del condominio Mirador El Yeco II, construido en 2020 y habitado desde 2021. La ladera que sostiene parte de este terreno cedió con la acumulación de agua y dejó al descubierto un problema que preocupa a los residentes.

«Los principales factores que influyen en el deslizamiento de El Yeco son la geología del sector y la pendiente del terreno», indica Diego Zamorano, geólogo y miembro de la Red Geocientífica de Chile. «El condominio se emplaza sobre rocas graníticas muy antiguas, formadas en el Paleozoico, hace más de 300 millones de años. Debido a su prolongada exposición, estas rocas se han vuelto más frágiles y se erosionan con facilidad frente a la intemperie, generando una capa superficial de maicillo».

El maicillo, dice Zamorano, es clave para entender el fenómeno: «Este material es altamente susceptible a movimientos de masa, especialmente cuando se encuentra en laderas de fuerte pendiente y bajo condiciones de saturación por agua».

Las lluvias de las últimas semanas marcaron el detonante. «Las lluvias intensas actúan como un factor desencadenante de diversas remociones en masa. Al infiltrarse en el suelo, el agua provoca su saturación, lo que incrementa el peso del material y reduce su cohesión interna, favoreciendo así la pérdida de estabilidad y el inicio de movimientos», detalla el geólogo.

La diferencia con los socavones de Concón y Cochoa está en la base misma del suelo. «La principal diferencia radica en el tipo de terreno. En el caso de El Yeco, el acantilado costero presenta un núcleo rocoso recubierto por maicillo, mientras que en Concón el edificio Kandinsky se emplaza sobre una duna compuesta únicamente por arena. Esta condición hace más probable la ocurrencia de deslizamientos de mayor magnitud en las dunas, debido a la menor cohesión del material arenoso», precisa Zamorano.

Los vecinos han observado el cambio de cerca. Francisco Mourguez recuerda que el sector era un lugar de encuentro. «Estos proyectos inmobiliarios llegan, se instalan, y quienes vivimos acá sólo debemos sentarnos a ver cómo estos bellos entornos van cambiando su paisaje», lamenta. «Cambiaron un mirador bello, en donde muchos de nosotros lo visitábamos en familia y que hoy, lamentablemente, ya no es así».

El impacto de la urbanización aparece también en su explicación de la emergencia. «Hoy tenemos un proyecto inmobiliario que está emplazado en donde en algún momento hubo un bosque. Ese bosque absorbía toda la humedad y toda el agua que corría por ahí, por ese sector. Pues hoy día no», menciona  Mourguez. «De alguna forma, el agua buscó dónde poder fluir y cayó justo por ese espacio, porque se sube un acantilado. Obviamente, la fuerza y la cantidad del flujo del agua de esa lluvia empezó a carcomer el terreno, y ahí está la grieta que tenemos hoy día: el socavón».

En su análisis sobre los riesgos inmediatos, Zamorano enfatiza que el desprendimiento no debería expandirse hacia los edificios en el corto plazo. «Debido a que la capa de maicillo sobre el núcleo rocoso del acantilado tiene solo algunos metros de espesor, no se prevé que el deslizamiento se expanda hacia los edificios en el corto plazo», explica. Sin embargo, agrega que la vigilancia es crucial: «Se recomienda implementar un sistema de monitoreo preventivo que involucre a la comunidad, con el fin de detectar oportunamente cualquier cambio significativo en la morfología del terreno».

El geólogo subraya que las medidas no pueden quedarse en la observación vecinal. «Es necesario iniciar estudios geotécnicos e hidrogeológicos que permitan identificar fracturas o discontinuidades en el macizo rocoso, ya que estas podrían favorecer procesos de remoción en masa o facilitar la infiltración y acumulación de agua. Tales condiciones aumentarían el riesgo de nuevos deslizamientos frente a futuras precipitaciones».

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