Diego Zamorano, geólogo y miembro de la Red Geocientífica de Chile
El proceso de evacuación del edificio Kandinsky en Viña del Mar comenzó el 22 de agosto a raíz de un socavón que amenazaba la estabilidad del lugar. El 11 de septiembre, en la misma área, surgió otro socavón como resultado de colapso de las obras de mitigación, lo que llevó a la evacuación del edificio Santorini Norte y dos torres del edificio Miramar Reñaca. Como consecuencia, más de 200 personas se vieron obligadas a buscar un nuevo lugar para vivir transitoriamente.
Carolina Martínez, académica UC e integrante del Centro de Investigación para la Gestión Integrada del Riesgo de Desastres, hizo un estudio obre las causas del socavón. Su trabajo se materializó en un paper publicado en la revista «Ocean and Coastal Management».
«Debido a las condiciones de mal tiempo, en agosto de este año, empezó a hacer crisis el sistema de evacuación de aguas lluvias, que era una obra contribuida por el Ministerio de Obras Públicas (MOP). Fue mucha agua concentrada en poco tiempo y eso afectó la vida útil de esa infraestructura, y se produjo el primer socavón, que fue una remoción en masa de bastante envergadura», detalla Martínez, doctora en Geografía. Para contener el primer socavón, el MOP realizó una obra contigua, una especie de ducto provisorio que terminó provocando un segundo socavón. «Se hizo para evacuar la cantidad de agua que se estaba acumulando», recuerda la geógrafa.
Diego Zamorano, geólogo y miembro de la Red Geocientífica de Chile, afirma que desde que apareció el primer socavón se han acercado a realizar sobrevuelos en dron. «Hemos observado que ambos socavones siguen inestables, pese a los trabajos de mitigación que buscan darle firmeza al terreno con una cobertura de rocas antes de su relleno definitivo. En las lluvias del 10 de noviembre se produjeron movimientos de suelo que destruyeron parcialmente los trabajos realizados», dice.
La investigadora Carolina Martínez agrega que, al estar aún presente el fenómeno de El Niño, la posibilidad de nuevas lluvias en el verano podría complicar la situación. «Estamos en la fase cálida de El Niño, donde hay más precipitaciones y más agua concentrada en poco tiempo», dice.
El meteorólogo Gianfranco Marcone, con magíster en Cambio Climático, señala que por ahora se espera que El Niño se mantenga hasta mayo de 2024, pero no en los niveles de intensidad actuales. «No podemos descartar en el verano que haya algún evento de precipitaciones, pero este tema prefiero mirarlo desde otro punto de vista. No tenemos por qué echarle la culpa a la lluvia. Esto no es un desastre natural, esto es la falta de respeto que tiene el ser humano con la naturaleza en construir en lugares donde no tiene por qué construirse», afirma.
Martínez coincide con Marcone. «No se trata de edificios que son coherentes con los ecosistemas, sino que representan unas cargas que sobrepasan su fragilidad. Son de gran altura y tienen bastante concentración de personas».
El futuro
Diego Zamorano sostiene que desde la aparición del primer socavón, los avances han sido notablemente limitados. «El colector en problemas sigue en funcionamiento y no hay intención de reubicarlo en otro sector con mejores características geológicas», señala.
¿Se podrán habitar los edificios?
«Actualmente no presentan daño estructural, por lo que pueden volver a ser habitables siempre que se garantice que las obras de mitigación han sido bien diseñadas y ejecutadas. Por eso es importante que estos trabajos, que consisten en el control de aguas lluvias y relleno de los socavones, sean terminados rápidamente para que la estabilidad que hoy muestran los edificios no se vea comprometida con nuevas lluvias o sismos».


