El sitio MomJunction publicó una lista con nombres como Benjamín, Catalina y Joaquín
Cuando se hizo famoso Benjamín Vicuña, el número de Benjamines aumentó, recuerda doctor en Lingüística.
La nota no explica su metodología ni cita fuentes nacionales. Su introducción afirma: «Si estás buscando nombres chilenos populares para bebés, aquí tienes una lista completa con significados para niños y niñas».
Más adelante, asegura que los nombres fueron «recolectados tras una investigación exhaustiva y con seguridad le darán a tu hijo una identidad chilena».
Según el Registro Civil, en 2024 Emma fue el nombre femenino más inscrito, con 2.043 registros, seguida por Isabella (2.038) y Sofía (1.837), mientras que Emilia y Julieta completaron el top 5.
Entre los niños, Mateo lideró con 2.676 inscripciones, seguido de Liam (2.112), Lucas (1.713), Santiago (1.543) y Gaspar (1.476).
«El área que investiga esto, dentro de los estudios del lenguaje, se llama antroponimia, que estudia los nombres de las personas. Una parte puede ser la estructura de los nombres, así como la morfología normal, cómo se forman las palabras. Por ejemplo, la terminación berto, que aparece en Norberto, Roberto, Humberto», ilustra Alfaro.
Pero el análisis no se queda en lo gramatical. «La antroponimia lo mira desde un punto desde los estudios sociológicos respecto del lenguaje. Y ahí, respecto de los nombres de las personas, el punto es la identidad», dice.
Los nombres -añade Alfaro- reflejan también las modas, pero esas modas se anclan en valores y contextos.
«Cuando se hizo famoso Benjamín Vicuña, el número de Benjamines aumentó. O uno puede trazar que entre personas de entre 40 y 50 años hay muchos más Cristian, Rodrigo, Paula, Carolina que en otras generaciones. Entonces, tiene que ver con modas. Pero estas modas, como decía, provienen de la identidad», explica.
Esa identidad se codifica también socialmente. Alfaro explica cómo ciertos nombres adquieren carga simbólico según la clase o el entorno: «Valoramos negativamente cuando es un nombre de origen prototípicamente inglés y un apellido muy prototípicamente hispano, Brian González.
En cambio, al revés, cuando el apellido es extranjero y el nombre es hispano, nos suena mejor. Así como Rubén von Mühlenbrück. Eso muestra cómo también los nombres funcionan como marcadores de estatus», afirma.
El lenguaje, como práctica social, arrastra jerarquías. Según Alfaro, incluso en lo cotidiano. «Nosotros en Chile somos una cultura bien estratificada en términos sociales. Basta que escuchemos un par de palabras de una persona para saber a qué clase social pertenece. Eso también marca a selección de los nombres», señala.
Y por eso, toda lista de nombres -oficial o editorial- también da cuenta de una visión del mundo. Alfaro lo resume con una imagen directa: «Hay que mirar las identidades particulares que proyectan los padres sobre los hijos. No es casual que un niño se llame Wisin Yandel. Es porque en esa familia ese tipo de música tiene un valor. Eso también es identidad».


