Kai Sato viajaba a Hawaii y su mástil se quebró
Lloré durante una semana, me sentí miserable y como un blanco fácil, llevado por lacorriente que me alejaba de mi ruta, relató.
«Sentí que iba a intentar prender el motor y asfixiarme, para matarme». El hombre que dijo esta frase, dada la situación extrema en que se encontraba, no es un automovilista, sino un navegante solitario a la deriva por el Pacífico, en algún punto entre California y Hawaii. Se trata de Kai Sato, de 39 años, quien zarpó el 7 de junio de este año desde la isla Catalina, en California, con el objetivo de completar su primera travesía en solitario a través del Pacífico con destino al archipélago de Hawaii. El 21 de julio pasado, Sato fue ubicado en aguas abiertas del Pacífico, a varios cientos de millas de su ruta original entre California y Hawaii, según publicó este lunes «Unilad».
El trance comenzó cuando el yate en que navegaba rompió su mástil, luego de llevar dos semanas en el mar, indicó «The New York Post». En ese momento quedó a la deriva sin velas, pero con el motor operativo, por lo que intentó volver a la costa; sin embargo, se le acabó la bencina. El teléfono que usaba para navegar, según consignó «Unilad», dejó de funcionar, dejándolo completamente aislado y sin forma de pedir ayuda. Su situación, en ese momento, era crítica, estaba en un yate, sin velas y sin motor, y sin opción de comunicarse, en algún punto entre California y Hawaii.
«Lloré durante una semana, me sentí miserable y como un blanco fácil, llevado por la corriente que me alejaba de mi ruta, como un pato movido por el viento», publicó «The Mirror». Fue en ese momento cuando pensó en suicidarse.
Tras cinco días inmovilizado por la angustia, se activó y decidió actuar. Reparó el mástil con tubos de PVC que había en el yate y con remos de kayak, con lo que armó una suerte de estructura que permitió usar un velamen que le hicieran moverse con el viento y maniobrar.
Mientras intentaba reencauzar el rumbo, Sato debió resolver también el problema de la alimentación y la hidratación.
Según relató a «Hawaii News Now», medio que lo entrevistó apenas llegó a tierra, se alimentó principalmente de avena, además de pescado y calamares que se acercaron a la embarcación. El agua se le acabó el 11 de julio, de acuerdo a lo publicado por el sitio «Newser», por lo que debió recolectar la condensación de agua de mar en un balde y en bolsas plásticas para beberla. «Solo estaba lamiendo eso para sobrevivir», dijo.
A la angustia física se sumó una dimensión emocional. Sato contó que, durante los días de mayor desesperación, meditó, habló con el agua y el viento pidiendo orientación, y que sintió la presencia de su tío, con quien había completado ese mismo trayecto entre California y Hawaii cuando era niño, según consignó «Hawaii News Now».
El desenlace llegó el martes 21 de julio, cuando fue divisado por un buque portacontenedores de la naviera Pasha Hawaii que navegaba rumbo a las islas. La tripulación necesitó dos intentos para lograr bajarle una escalera de cuerda y subirlo a bordo, según reportó «The New York Post» Una vez a salvo, le entregaron ropa seca, alimentos y un camarote para que pudiera recuperarse tras casi un mes a la deriva.
«Dios mío, sí, fue como estar eufórico, ¿entiendes lo que digo? Estaba llorando y muy feliz, y luego me trajeron fruta y agua, y esos muchachos fueron muy buenos conmigo», relató Sato sobre el momento del rescate, según consignó «The Mirror».
El episodio no alejó a Sato de la navegación. Según indicó «Unilad», el hombre ya está planeando su próximo viaje, esta vez con destino a Filipinas y a bordo de una embarcación de mayor tamaño. Por ahora, permanece alojado junto a un familiar en Hawaii, recuperándose de una travesía que, según sus propias palabras, lo llevó al límite de la supervivencia.


