Suprema condenó a Notaría por aceptar firma «visiblemente distinta» en compra de auto

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La sentencia dice que debe pagarle al dueño el valor del auto más otro monto por daño emergente

Grafóloga explica que tiene como una m, donde el primer arco es grande y marcado. En la verdadera esos arcos son chiquititos y menos marcados.

La última vez que la víctima de esta historia vio su Hummer H2 6.0 fue en enero de 2020. Estaba a la venta en la Automotora Auto Place, donde la dejó en diciembre de 2019 con la esperanza de encontrar un buen comprador.
En marzo de ese año, lo llamó un ex trabajador de la automotora para contarle que su vehículo había sido vendido y que la firma del contrato fue realizada en la notaría Juan Eugenio del Real Armas, ubicada en Ñuñoa. Apenas René tuvo acceso al documento, se percató de varias irregularidades. El comprador lo había adquirido por $4.500.000, siendo que el precio fijado era superior a $20.000.000. Y lo peor: la firma, huella digital y dirección estampadas junto a su nombre arriba de la palabra vendedor eran falsas.
El caso llegó al 17 Juzgado de Letras Civil de Santiago, luego a la Corte de Apelaciones y finalmente a la Suprema.
El máximo tribunal condenó al notario por actuar de manera «negligente». El fallo especifica que debió advertir que la firma del contrato de compraventa era «visiblemente distinta» a la que aparece en el carnet de identidad de la víctima.
La sentencia especifica que el notario debe pagarle a la víctima $21.395.723 por concepto de daño emergente y $2.000.000 por daño moral. A eso se agregan los intereses correspondientes y el pago de las costas del juicio.
Alejandro Velastegui, abogado de René, explica que el contrato fue llevado a la notaría por un supuesto trabajador de la automotora. Venía listo, con la firma y huella dactilar impresas en el documento, y adjuntó una fotocopia de la cédula de identidad de la víctima.
Dice que el primer error fue que el notario no exigió la exhibición de la cédula de identidad, que es un requisito. Pero independiente de ella, «la firma de la fotocopia tampoco coincidía con la firma presentada en el contrato». Luego, agrega Velastegui, que el Registro Civil analizó la huella dactilar, llegando a la conclusión que «se pusieron tres huellas, una sobre otra, para que no pudiera ser leída. También es un deber del notario verificar que la huella esté bien puesta».
La firma
La rúbrica cuestionada es analizada por la perito documental caligráfico Janira Acuña, integrante del Colegio de Criminalistas de Chile y de la Asociación Internacional de Peritos en Documentoscopia (Sipdo). «Dentro de la criminalística tú siempre vas desde lo global a lo particular, de lo particular al detalle. Desde lo global se ve parecida, el dibujo se asemeja. En el cuerpo medio, que es la parte del centro, tiene estas tres como llenaditas, en arcadas, junto con esos palotes», aclara.
La situación, afirma, es diferente en una notaría, porque el trabajo es más pausado: «Estás con la cédula de identidad, estás con tiempo. Los notarios tienen el ojo ya entrenado, de tanto ver documentos tienen una expertise».
Por ello, al analizar la firma se advierte claramente que son diferentes. Dice que «el falsario es bien observador. Lo más probable es que esta sea una firma servil y solicitada. Se nota que practicó varias veces porque al primer golpe de vista tú no ves mucha diferencia, excepto de que ya empiezas a ver en la segunda mirada. La cuenta es más larga de la falsificada».
¿Qué otros detalles aprecia?
«En la firma falsificada la dirección del renglón es más ascendente, mientras que en la verdadera es descendente. La última línea, la que traza a lo largo y que termina en punta, es muy larga. Cuando tú aprendes tu firma, la interiorizas de tal forma que generas una red neuronal en tu cabeza. Entonces, cuando te dicen firma, tomas el lápiz y ni siquiera lo piensas mucho, la haces. En cambio, cuando estás limitando, dibujas la firma. Por eso el trazo se ve un poquito tembloroso».
También hay una diferencia en el inicio de la rúbrica. «Tiene como una m, donde el primer arco es grande y marcado. En la verdadera esos arcos son chiquititos y menos marcados. Si bien las dos firmas están inclinadas hacia la derecha, si tú la alineas a un plano cartesiano te da el ángulo exacto. La falsa está inclinada en 60 grados, mientras que la verdadera está a 76 grados», detalla Acuña.
El informe pericial grafológico, realizado por la perito Gretty Hoffmann, y que fue tomado en cuenta por la Corte Suprema, establece que la firma auténtica es realizada a «velocidad de ejecución rápida, con trazos pocos cuidados en su orden, mezclando trazos rectos con curvos de forma espontánea, manteniendo una predominancia en los trazos rectos».

En cambio, en la rúbrica cuestionada se aprecia «una velocidad escritural lenta, toda vez que predominan los trazos rectos, incluyendo los enlaces y líneas horizontales, donde se nota directamente la torpeza del ejecutante, elemento propio de la imitación».

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