Diego Consuegra quiere limpiar el mal nombre de su gremio con una buena acción
Hace días recorre el Barrio San Borja en busca de un hombre de la tercera edad que camina con dificultad.
«Me duele mucho cuando la gente habla pestes de los taxistas, sobre todo porque en la mayoría de los casos tienen toda razón, ya que anda mucho sinvergüenza dando vueltas por ahí, no solo en los autos negros con amarillo, sino también en las aplicaciones», se lamenta entre risas Diego Consuegra, taxista de 45 años, quien se muestra decidido a limpiar la mala imagen que por años han cultivado sus colegas.
«Y qué mejor que partir dando el ejemplo, para demostrar que la mayoría de los taxistas somos personas honradas y amables», asegura este ex peluquero, quien hace días se pasea infructuosamente por el Barrio San Borja, en el centro de Santiago, en busca del octogenario pasajero que pasadas las dos de la tarde del lunes olvidó su muleta adaptable en el asiento trasero del Kia Soluto que maneja hace aproximadamente dos años, cuando por culpa de la pandemia se vio obligado a cerrar su salón.
«Se trata de un señor mayor con un grave problema en la cadera, ya que le cuesta bastante caminar, quien pasada la hora de almuerzo me tomó en Lira con Marín», recuerda Diego. También detalla que «se trata de una persona mayor, de aproximadamente un metro setenta, moreno y bien canoso, que andaba vestido con una camisa blanca y un pantalón oscuro, entre café y gris, probablemente marengo, que se bajó tras avanzar una cuadra, en la esquina de General Jofré con Marín, por lo que obviamente decidí no cobrarle ni uno».
Ante ello, el adulto mayor le dio a elegir entre el plátano y la manzana que llevaba de postre a su casa. «Ese gesto me pareció muy digno del señor, porque me dijo que no quería aprovecharse de mí, lo que me dio ternura», relata el taxista.
«Obviamente no acepté. Le mentí. Le dije que ya había almorzado, porque no me iba a comer la fruta de un anciano que apenas camina», cuenta Diego, quien relata que el señor se bajó muy agradecido.
«El abuelito se bajó tan contento de que no me haya aprovechado de él, que hasta dejó olvidado su muleta adaptable.
Lamentablemente yo no me di cuenta, hasta que el siguiente pasajero me preguntó por qué andaba con una muleta en el asiento de atrás», dice el taxista, quien sigue recorriendo las calles del sector en busca de su fugaz pasajero.
En caso de que algún vecino del tenga información, puede escribir a [email protected], donde tras la verificación de Diego, podrán reunirse pasajero y muleta.


