Tenemos que hablar, Daniel

Fecha:

Estimado Daniel:

Hace unos años (si la memoria no me falla, un 12 de agosto del 2010) fuiste invitado a «Acoso textual» de Canal 13 luego de un largo período sin estar en la palestra televisiva. Allí hablaste de todo, sin miedo a reconocer tus errores del pasado ni a mostrar tus esperanzas de que lograrías rearmarte en tu dimensión de comunicador. Al día siguiente mi columna se tituló «No diga Huevo, diga huevos».

Hoy vuelvo a dirigirme a ti. Te he notado angustiado estos días. Ya te cayó la teja y te quedó claro que eso de patentar el nombre del podcast («¿Cómo están los w…?») que mantienes con tu partner (Rosario Bravo), sin comentárselo, no fue la mejor decisión si uno de tus objetivos era mantener la cordialidad en la relación y la confianza en ti de tu socia.

Aseguras que no lucraste con eso y no tengo por qué no creerte. No consideraste necesario decírselo. Raro. Atribuyes a falta de tiempo no haberle devuelto la marca apenas ella se enteró. Hay que hacerse el tiempo. Lo malo es que el hate de la comunidad virtual y de la opinión pública ya está sobre ti. Ha salido a hablar hasta tu hija, pidiendo clemencia.

La noche de este domingo hablaste y eso es bueno por aquello de que, de lo contrario, «el silencio otorga»: cada momento en que un acusado de algo no habla es llenado prestamente por especulaciones, generalmente adversas para el que escoge el mutismo. En las siguientes apariciones públicas refiriéndote a este caso te recomiendo medir cada palabra, bajar las pulsaciones, no tomarlo ligeramente (eso solo lograría aumentar la empatía hacia quien se siente dolida por tu actitud), pero tampoco ponerte tan grave.

Sobre todo, Daniel, hay que reconocer que no hiciste lo correcto. Mira, yo puedo hacer algo y pensar de corazón que estuve bien, que no quise perjudicar a nadie e incluso que lo volvería a hacer exactamente igual. Pero si todos consideran que me pasé cuatro pueblos, dos villorrios y un caserío tengo la obligación intelectual (ni siquiera digo moral) de deducir que actué mal. Es estadística pura. A partir de ese reconocimiento íntimo, todo se irá aclarando.

Este lunes te noté por primera vez en días algo distendido en «El medio día», tu programa de TVN. Te llovieron tallas, tanto de Paulina Nin de Cardona como de Cristián Pérez, desde «no lo inscribas» hasta «son perros de marca…».

Lo tuyo con Rosario es, guardando las proporciones, como la separación de los Beatles. La química terminó («The dream is over», como sentenció Lennon), pero luego vinieron «Imagine», «Faster», «Band on the run» y tantas otras gemas que crearon en solitario. Queda partido todavía.

 

Compartir:

Hoy en lun.com

Tendencia

Artículos Relacionados

$2.831.336.713: detalles de polémica auditoría por remodelación en ministerio de la Mujer que partió en 2023

Exministra Antonia Orellana rechaza el peritaje La subsecretaria de la...

Entretelones del tenso cruce entre Gala Caldirola y Coté López

La española habló anoche en Primer plano sobre su...

Pamela Díaz sentenció a Mago Jiménez y Pinilla: «Son un par de fallados»

Así los tachó la animadora en un podcast Tras el...

Ojo si se topa con alguno de estos cascos: los robaron de un museo

Hay piezas de Eddie Irvine, Clay Regazzoni y Eliseo...