Héctor Zúñiga encontró difícil la prueba
Ni la brecha generacional lo desanima. Si mi nieto, que estudia Derecho, pudo, ¿cómo no voy a poder yo?, dice.
Héctor Zúñiga salió descolocado tras rendir la PSU de Lenguaje y Comunicación, ayer en el Liceo Enrique Molina Garmendia, de Concepción.Pensaba que, en este caso, la experiencia hablaría por él y por sus ganas de convertirse en astrónomo.
No le fue tan bien como esperaba, pero él no pierde las esperanzas. A sus 78 años, sabe que algo bueno le espera hoy en la prueba de Historia y Ciencias Sociales.
«Cómo me va a ir mal, si yo soy pura historia. Yo la viví», dice.
«Cuando llegué en la mañana, vi que las salas estaban ordenadas por carné de identidad. El mío es tres millones y tanto y el que venía era diez millones. ¡Hay siete millones de diferencia! Hay conceptos que no entiendo», cuenta este jubilado textil que habla ruso y estudió cuatro años de teología. «Terminé desencantado con la religión. A veces pienso que Dios está ahí entre los astros. Es una volada mía. Pero por eso quiero intentar astronomía», explica.
Si no es ahora, lo volverá a intentar el próximo año. Hasta está pensando en repetir tercero y cuarto medio, para acostumbrarse a la nueva ideología. «Si mi nieto, que estudia Derecho, pudo, ¿cómo no voy a poder yo?», dice.
Mateos en la Peni
En la ex Penitenciaría de Santiago había una treintena de postulantes rindiendo la PSU. «Estaba difícil, pero creo que me fue bien», repetía Germán Castillo, recluso por robo con violencia, que sueña con convertirse en profesor. Sus posibilidades son altas, pues del liceo del penal egresó con un promedio 6,7.
Mientras, en la Escuela México, un grupo de ciegos y sordos mudos experimentó con el plan piloto PSU Accesible. Un software que, en el caso de los que no hablan ni oyen, formula las preguntas y las opciones de respuesta en lenguaje de señas. En el caso de los no videntes, es a través de audio.
1000 pesos cuesta sacar la tarjeta de identificación en los centros de rendición de la PSU. Mejor imprímala en casa.


