Francisca Grainger es la dueña de la tienda más antigua de Chile
Las recomiendo porque eliminan las plagas de la casa de manera orgánica, dice.
Francisca Grainger llegó a las plantas carnívoras por hobby. Primero, porque cuando chica era fanática de los antiguos juegos Mario Bros y se quedaba pegada en las plantas pirañas. «Pensaba que eran una invención», reconoce la propietaria del vivero Carnivoraes, que ya lleva diez años en el mercado.
Luego comenzó a coleccionarlas. «Cuando me di cuenta de que efectivamente existían, lo encontré maravilloso.
Como siempre me han gustado las plantas, las empecé a juntar. A Chile recién estaban llegando las primeras desde el exterior», recuerda.
El segundo paso fue intentar cultivarlas. «Fracasé. Pero intenté una y otra vez. Hasta que me resultó después de ocho meses. Tuve la suerte de que mis papás viven en una parcela, lo que me facilitó poder construirme un invernadero y empezar a tener mi colección».
La colección creció tanto que, según Francisca -ingeniera comercial de profesión y encargada de marketing de una línea aérea en ese entonces-, «se me salió de las manos».
Entonces dio el tercer paso: las empezó a vender. «Estaba buscando hacer algo propio. En ese momento existían muchas comunidades de plantas en Facebook. Había una asociación, que aún persiste, de plantas carnívoras en Chile. Me di cuenta de que había un nicho ahí importante».
En forma paralela empezaron a aparecer en películas y series, como «Star wars kids», «Mi villano favorito» y «Plantas versus zombies». También en videojuegos. Eso la ayudó. «Como nosotros éramos los primeros cultivadores y teníamos un poco más de experiencia y cantidad, porque era muy difícil al principio conseguirla, fue un boom».
En la actualidad, Francisca las vende a través de redes sociales (@carnivoraes) y en tiendas colaborativas. Todas las semanas va al vivero familiar en Isla de Maipo para reponer el stock y lleva ejemplares que guarda en un dormitorio de su casa, acondicionado con estantes.
Los precios son bien variables. Desde los $3.500 que cuestan las Droseras Capensis y Albas, hasta los $150.000 de las Nepenthes y Heliamphoras, dependiendo del tamaño y la especie. «Se venden bien», asegura y cuenta que hace envíos a regiones también.
La verdad
Tanta aparición en series y películas también ha tenido efectos negativos, afirma la emprendedora.
«Hay un poco de ignorancia sobre el tema. El principal mito es creer que son plantas efectivamente carnívoras, cuando en realidad son insectívoras. Darwin se encargó de convertirlas en carnívoras y las películas contribuyeron al resto. Lamentablemente, las redes hacen más difícil desmentir estos mitos. En internet sigue habiendo videos de gente que le mete el dedo, que le pone carne, que le pone insectos que no comen en la vida real».
Francisca pone un ejemplo: en la serie argentina «El encargado», el protagonista tiene una planta carnívora. «Muestra cómo le da de comer, pero la cámara la enfoca con tanto zoom, que la gente se imagina que le está casi dando de comer a un ser gigante».
La viverista corrige el punto. «Es una planta pequeña que no come todo el día. No tiene un sistema digestivo, sino que un sistema de acción (o trampa), donde encapsula al insecto y lo digiere muy lentamente. Hay gente que me dice que necesita una planta que coma moscas. Claro, como se llama coloquialmente Venus atrapamoscas -Dionaea muscipula-, pero en realidad come todo tipo de insectos. Estas yo las recomiendo porque eliminan plagas de la casa de manera orgánica. Las Droseras, por ejemplo, son maravillosas para las composteras. Tienen como un líquido que se llama mucílago, donde los bichitos van quedando pegados».
Semillas in vitro
Hace cinco años, Francisca hizo un diplomado de técnicas de propagación de plantas in vitro en la Universidad de Chile. Desde entonces produce sus propias semillas. Especialmente, de las carnívoras clásicas: Venus atrapamoscas, Droseras y Sarracenias.
También las reproduce por esquejes o tallos florales, dependiendo de la variedad.
¿Es difícil cuidarlas?
«No son tan difíciles como la gente cree, pero sí son diferentes. Necesitan sol directo. No necesariamente al aire libre, puede ser a través de una ventana. Riego con agua desmineralizada o destilada y se hace por bandeja, que absorban de abajo hacia arriba. Y lo más importante es no molestarlas. No estarlas sacando, moviéndolas, metiéndoles el dedo para accionar las trampas. Son plantas que se estresan muy fácilmente. Sobre todo, la Venus, que es la única que tiene una trampa activa, las demás son de trampa pasiva, no tienen un movimiento que uno pueda ver».
Tampoco recomienda alimentarlas de manera manual. «Podrían vivir perfectamente de la fotosíntesis sin necesidad de estar comiendo. La Venus no puede comer insectos muertos, porque su mecanismo de acción tiene tres pelitos a cada lado que se llaman tricomas. Cuando el bicho toca uno de estos pelitos, se acciona la trampa, se cierra y lo encapsula.
Como el insecto se sigue moviendo, la planta empieza a secretar sus glándulas digestivas para absorberlo».
Otro dato a considerar es que hibernan durante el otoño e invierno. Reducen bastante su tamaño, pierden las trampas principales y en primavera renacen. Dependiendo de la variedad, agrega Francisca, pueden vivir entre 10 a 15 años.
«Lo más importante es no molestarlas», Francisca Grainger


