Colin Farrell habla de sus metas con la fundación que creó
Junto con organizar una gala para reunir fondos, el irlandés irá a Washington para conversar con gente poderosa que puede realizar los cambios legislativos necesarios.
¿Qué más descubrió?
«Me di cuenta del miedo y la impotencia que sienten los padres frente a la necesidad de garantizarle seguridad a sus hijos adolescentes con necesidades especiales. La vida está llena de misterios, llena de desafíos, ninguno de nosotros sabe lo que nos espera a la vuelta de la esquina, pero realmente me impactó descubrir acerca de la escasez de lugares que existen para estos jóvenes cuando ya son mayores de edad. Lo encontré algo abismante, cruel, sobre todo por la apatía, por la falta de acción, con dinero terminando en los lugares equivocados. Así sentí que era mi obligación como ser humano hacer algo. Todos estamos de acuerdo que hacemos lo mejor cuando cuidamos a otras personas».
Aparte de su donación personal, ¿cómo reunirán fondos?
«Realizaremos una gala en un salón de baile en diciembre en Chicago, donde asistirán entre 900 a 1.200 personas. Y no mencionaremos la política. Estaremos allí sólo por una razón, para expresar nuestro amor por los jóvenes y ver cómo les damos las mejores oportunidades».
¿En qué momento el concepto de filantropía entró a su vida?
«Existe un hospital de niños en Dublín llamado Our Lady's que durante años ha estado desfinanciado. El personal no está bien pagado. Solíamos ir con mi hermana Claudine cada Navidad cuando yo me encontraba en Dublín. Llenábamos dos camiones de juguetes y se los llevábamos a los niños enfermos sin presencia de la prensa ni nada por el estilo. Lo hicimos durante seis o siete años. Muchos de esos niños padecían de enfermedades terminales y esto me abrió los ojos en cuanto a mi buena suerte y de pensar cómo podía ayudar de una pequeña manera, cuatro horas una vez al año. Cuando veía a los niños se me partía el corazón, pero se me llenaba el alma. En esos momentos olvidaba mi fama. Salía del hospital repleto de amor y de gratitud. Siempre supe que deseaba hacer algo, pero estaba demasiado ocupado criando a mis dos hijos. Ahora con James de 21 y Henry de 14, sentí que tenía un poco más de espacio para hacer algo. Los últimos 20 años trabajando en el cine me han llevado hasta este momento cuando nace la fundación».
¿Cree que está mejorando la situación para niños y adultos con necesidades especiales?
«Está mucho mejor que antes. Cuando yo crecí en Dublín, recuerdo a chicos que padecían de Síndrome de Down, a quienes se los mantenía dentro de su casa. Era un mundo que no deseaba saber de este tema. No les interesaba incluirlos en actividades sociales. Los padres eran paranoicos y vivían con una vergüenza enorme sin saber el perjuicio que le hacían a sus hijos, manteniéndolos encerrados en casa. Quizá pensaban que los protegían fuera de la vista de la sociedad, lo cual perjudicaba al niño, limitando su posibilidad de sentirse conectado y de aprender nuevas habilidades. El mundo cambió, como por ejemplo con las Olimpíadas Especiales. En nuestra fundación ya estamos creando un plan de acción en el directorio y a principios del próximo año iré a Washington a hablar en un almuerzo de prensa, donde asistirán 200 o 300 periodistas. Necesitamos una cierta cantidad de financiamiento para poder ayudar a los necesitados. Pero también queremos educar a las personas, para que tengan la oportunidad de entender la vida de nuestros hijos y cuán hermosa puede ser una vida repleta de aventuras. En estos momentos hay 750.000 individuos en Estados Unidos que están viviendo sin el cuidado que necesitan. Uno de mis sueños es construirles un campamento de verano que permita a los padres y hermanos tomarse un merecido descanso, teniendo acceso a terapias de apoyo».
¿Qué es lo más urgente actualmente para la fundación?
«Organizar la gala en diciembre, donde invitamos a muchos donantes, y además iniciar la conversación en Washington, conversar con gente poderosa que puede realizar los cambios legislativos necesarios».


