Tomás Olivera sufrió un infarto a los 38: «Me di cuenta de que tenía muchas ganas de vivir»

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El chef dejó el cigarrillo, restringió el alcohol y camina 12.000 pasos cuando come dulces

En un adulto sano los triglicéridos deberían mantenerse bajo 150 mg por decilitro: él marcaba sobre mil.

Fue un combo casi mortal. En 2012, el chef Tomás Olivera reunía casi todos los factores de riesgo para un episodio cardíaco: no hacía deporte, fumaba, arrastraba predisposición genética, llevaba un ritmo de trabajo muy estresante y sumaba noches largas de alcohol.

A ello se agregaba lo que mostraban sus exámenes. Las grasas en la sangre, entre ellas el colesterol y los triglicéridos, aparecían muy por encima de lo normal. «Los triglicéridos estaban sobre la luca», recuerda. En un adulto sano esa cifra debería mantenerse bajo los 150 miligramos por decilitro.

A los 38 años, Olivera sufrió un infarto agudo al miocardio. Llegó a la clínica con dos arterias tapadas y pasó por dos operaciones, donde le instalaron dos stents. «El cardiólogo me dijo que, por mi herencia de triglicéridos y colesterol, probablemente me iba a dar un infarto a los 70 años. Con el ritmo de vida que llevaba, lo adelanté como 30 años», recuerda.

El cambio fue inmediato. Dejó de fumar ese mismo día y no volvió a hacerlo más, cumplió el plazo sin beber alcohol que le indicaron, retomó el deporte y ordenó su dieta. «Yo era de los que decía hay que vivir la vida. Cuando me dio el infarto y estuve tan cerca de estirar la pata, me di cuenta de que tenía muchas ganas de vivir», recuerda.

También bajó el ritmo en situaciones que antes le generaban estrés innecesario. Pone un ejemplo simple: si tiene una reunión a las 12 y sabe que no alcanzará a llegar, ahora llama, avisa y pide media hora más. Antes hacía lo contrario. «Era de los que decía voy en camino y todavía estaba saliendo de la ducha. Me estresaba, andaba acelerado por la vida».

Al salir de alta se sentía recuperado. ¿Qué le advirtieron que podía pasar?

«Cuando te da un infarto muy joven, casi siempre te viene un segundo muy luego, dentro de cinco años. ¿Por qué? Porque sientes que estás bien y piensas que ya eres inmortal. Por lo que me decía el doctor, los cinco años siguientes son claves, porque todos se olvidan de cuidarse y dicen voy a volver a hacer lo que hacía. Yo no, me lo tomé bien en serio. Y acá estamos, llevo 14, 15 años ya, y bastante bien».

El cambio de chip fue casi automático. ¿Algo costó más de la cuenta?

«Al principio siempre cuesta, porque el consumo de alcohol uno dice que es social, pero después retomas la vida social, los ves a todos tomando algo y dices me falta algo. Las restricciones de comida no, porque lo asumí súper rápido. Fui súper consciente de inmediato de que si fumaba, si tomaba, si consumía excesos de grasa, fritura o muchos procesados como las mayonesas y todo eso, me estaba envenenando. Tomé conciencia de que quería seguir viviendo y automáticamente mi cabeza se reseteó. En un momento el doctor me dijo ya, puedes tomar vinito, pero no una botella cada vez. Puedo ser un tomador social, pero me tomo dos copas de vino y ya está bien. Después de un vaso de vino, agua».

¿Qué hace hoy para mantener sus niveles en rango?

«Una vez al mes me como mis papas fritas, pero el resto del tiempo me cuido harto. Tomo mi remedio todos los días, hago ejercicio; la medicación la mantengo, que es para el colesterol y los triglicéridos, y la aspirina todos los días. Si llego a comer dulces, que me gustaban mucho y ahora como muy pocos, sé que no tengo que consumir nada de alcohol, porque ya con eso estoy generando muchos triglicéridos. Y si tengo en el teléfono puestos 8.000 pasos diarios, trato de hacer como 12.000, porque también sé que si camino mucho bajo los triglicéridos. No soy ñoño, pero tengo esas pequeñas alertas que sé más o menos cómo controlar».

Después de un episodio así, cualquier molestia en el pecho asusta. ¿Le ha pasado?

«En la pandemia me dio varias veces. Me dolía el pecho o algo así y me mejoraba solo pensando en todo lo que tomaba o consumía, o cómo comía cuando me dio el infarto. Decía imposible que me dé un infarto, si no como nada, no hago nada mal. Y ahí se me acababa la paranoia de inmediato. No sé si tiene un nombre, no lo he preguntado, pero sí le he comentado al doctor que se me pasa cuando racionalizo esa sensación».

¿Qué le dice a alguien que pasó por lo mismo y volvió a sus hábitos de antes?

«Cuando te destapan las cañerías, cuando te sacan la grasa y la sangre empieza a fluir normalmente, estás vivo de nuevo. Eso te hace sentir que volviste a esa normalidad y eso no está bien, porque no estás normal, estás recuperándote de un accidente muy importante. Pero sin ser evangelizador de nada, yo les recomiendo a todos que traten de cuidarse nomás. Si te salvaste una vez, ¿para qué? Mejor no provocar al destino. Tampoco es nada agradable sufrir un infarto. Es súper angustiante, súper doloroso, súper desesperante la sensación».

El colesterol malo

El colesterol es una grasa que el cuerpo necesita para formar células y producir hormonas. El problema aparece cuando el LDL, conocido como «colesterol malo», se acumula en las arterias. «Oxidado puede ocluir las arterias coronarias y provocar infartos», recalca Alfredo Parra Lucares, cardiólogo y director de la Unidad de Investigación Cardiológica del Hospital Clínico de la Universidad de Chile.

Los triglicéridos también son grasas, pero funcionan principalmente como reserva de energía que el organismo puede utilizar cuando la necesita: el problema es cuando circulan en exceso en la sangre. Lo habitual es que estén bajo 150 mg/dL, por lo que superar los 1.000 -como le pasó a Tomás Olivera- es muy poco frecuente. «Es una hipertrigliceridemia muy severa», confirma Parra. «Cuando vemos cifras de ese nivel debe sospecharse que exista un trastorno genético asociado».

Exámenes gratuitos

Agosto es el Mes del Corazón en Chile, campaña que impulsan la Sociedad Chilena de Cardiología y el Ministerio de Salud. Las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte y explican cerca de una de cada tres defunciones al año en el país. La versión 2026 se llama «Conoce tus Números»: un camión móvil recorre comunas de Santiago con exámenes gratuitos de colesterol, glicemia, presión arterial y electrocardiogramas. El año pasado se controlaron más de 1.800 personas.

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