«Escuché un ruido como cuando el río trae muchas piedras. Después sonó como un rayo y vi que el embudo venía directamente hacia la casa». Cristián Astudillo apenas alcanzó a encerrar a su mamá y a sus tres hijos antes de que el tornado arrancara el techo de su vivienda, destruyera el galpón donde criaba animales y dejara terneros muertos en un predio rural de Bulnes.
«Salí para ver qué podía hacer, pero el viento me botó», relató.
Los videos grabados por vecinos muestran un embudo gris descendiendo desde una enorme nube de tormenta hasta tocar el suelo. En otros registros se observan árboles de gran tamaño quebrándose y techumbres completas desprendiéndose en pocos segundos.
El fenómeno afectó durante la tarde de este lunes a sectores de Bulnes, Chillán Viejo, San Ignacio y El Carmen.
Según la Red Geocientífica de Chile, el tornado recorrió de manera preliminar ocho kilómetros entre Llollinco y Larqui Poniente, paralelo al río Larqui.
Frío y caliente
Roberto Rondanelli, académico del Departamento de Geofísica de la Universidad de Chile y director del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), explica que un tornado se forma cuando coinciden dos condiciones. La primera es una atmósfera muy inestable: aire relativamente cálido y menos denso cerca del suelo y aire más frío en altura, lo que favorece que el aire ascienda rápidamente y forme enormes nubes cumulonimbus. La segunda es la cizalladura, un cambio brusco en la velocidad y dirección del viento entre la superficie y los primeros kilómetros de altura. «Esos dos ingredientes hacen que el aire comience a girar y termine formando el embudo», explica.
Rondanelli agrega un dato. «No fue casualidad que ocurriera a las 14 horas. Los tornados en Chile suelen formarse durante las primeras horas de la tarde. Es cuando la inestabilidad atmosférica alcanza su mayor desarrollo. Así ocurrió también en Puerto Varas el año pasado y en los tornados que afectaron Concepción y Talcahuano en 2019».
De 5 a 7
Aunque muchos asocian estos fenómenos a Estados Unidos, el investigador asegura que en Chile se reportan entre cinco y siete tornados al año, aunque probablemente ocurren muchos más porque se forman en zonas rurales donde nadie los observa. Incluso recuerda que el país ha registrado eventos mucho más intensos, como el tornado de San Carlos de 1982, que habría alcanzado categoría F3 y recorrido cerca de 60 kilómetros.
La principal diferencia con Estados Unidos está en su origen. En las grandes llanuras norteamericanas predominan enormes masas de aire cálido y húmedo que chocan con aire muy frío, generando una inestabilidad extrema. «En Chile, en cambio, la inestabilidad suele ser menor, pero la cizalladura es mucho más intensa. La propia Cordillera de los Andes ayuda a generar ese contraste, al modificar la circulación del viento entre la superficie y la altura. Durante años se creyó que la cordillera impedía la formación de tornados. Hoy sabemos que puede favorecerla», afirma Rondanelli. «Prácticamente todos los tornados chilenos avanzan desde el noroeste hacia el sureste, es decir, desde el océano en dirección a la cordillera y de norte a sur. En promedio duran unos 15 minutos, aunque mientras más intensos son, mayor suele ser su recorrido y pueden aumentar o disminuir su fuerza en el trayecto», agrega.
Desde el embudo
La Dirección Meteorológica estimó preliminarmente que el fenómeno correspondería a un EF0, la categoría más baja de estos fenómenos, que alcanza una velocidad de entre 105 y 137 km/h. «Cuando el embudo baja de la nube convectiva y alcanza el suelo deja de ser una nube embudo y pasa a ser un tornado», dice el meteorólogo Arnaldo Zúñiga, quien agrega que la clasificación definitiva dependerá de la evaluación de los daños en terreno. Si estos resultan mayores, podría reclasificarse como EF1, categoría que alcanza una velocidad de entre 118 y 177 km/h.