Antofagastina María José Monje tiene un rol estelar en el show Crystal
He hecho mis acrobacias en la calle y grandes festivales, dice la artista de 33 años que adquirió sus habilidades en Argentina.
La vida ha llevado a María José Monje desde su natal Antofagasta a recorrer el mundo con la compañía Cirque du Soleil. La más reciente parada la ha traído con el espectáculo «Crystal» a Santiago, para actuar en el Movistar Arena desde este jueves, en un papel muy importante: encarna a la protagonista cuando el guión le exige subirse a un trapecio. «Hay otras artistas en el rol cuando debe patinar, por ejemplo. A mí me toca el número de unos 10 minutos», explica la trapecista de 33 años a quien le gusta que le digan Pepi.
Hace poco más de un año, María José se encontraba también en Santiago, pero en otro espectáculo. «Participé en la temporada de septiembre en el Circo Los Tachuela y fue una experiencia increíble con ellos. Todo fue muy grato, muy lindo y realizamos muchas funciones a carpa llena en una fecha importante para nuestra identidad», cuenta la dueña de la cuenta de Instagram (@PepiRepy).
¿Es un gran cambio?
«No, el Circo de los Tachuela también tiene su elegancia, historia y números muy lindos. El circo es circo en todas partes, en todas las escalas. Siempre doy lo mejor de mí para el público. He hecho mis acrobacias en la calle y en grandes festivales. Ahora aprovecho que cuento con muchas maravillas para ensalzar mi trabajo».
Tras esa temporada circense, volvió un tiempo a Antofagasta, donde viven su madre y hermana. Un mail de parte de gente del Cirque du Soleil le alertó sobre la oportunidad de integrarse a la compañía canadiense. No se lo creyó mucho hasta que terminó por integrarse a sus compañeros en Montreal.
Todo el tiempo ha sido acompañada por Andrés, su marido y compañero de tracepio con quien se conoció en Argentina hace 10 años, país al que ella viajó cuando tenía sólo 18 años con el sueño de convertirse en bailarina.
Sin embargo, un año después se encontraría de casualidad con su real vocación. «Estaba paseando y llegué a un galponcito en que se ubica la Escuela de Circo Criollo. Hablé con su director, Óscar Videla, y le dije que quería tomar clases de tela. Él me respondió que tenía que tomar el trapecio», afirma.
Lo que Monje tomó como un hobbie, especialmente después de una lesión, tomó otro rumbo.»Me salió una gira al sur de Argentina con el Circo Mundial, que entonces era pequeño, pero ha ido creciendo con el tiempo. Fue una gran experiencia, aprendí mucho de la gente de esa compañía», rememora.
Desde que reorientó su camino, María José ha encontrado trabajos y viajes que le han traído gratas vivencias.
¿Le gustaba antes la vida del circo?
«Cuando vivía en Antofagasta protestaba contra los circos porque llevaban animales. Hoy mi concepción es completamente distinta».
¿Por qué?
«Porque quieren mucho a sus animales y les brindan todo tipo de cuidados. He estado en países donde tienen números con caballos, elefantes y tigres. Emplean una gran logística para mantenerlos en óptimas condiciones. Además, suelen tener muchos otros bichos como perros y pájaros que son muy queridos».


