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Título/Pie de foto: Juan Guillermo Tejeda
Juan Guillermo Tejeda
Cuatro magníficas ilustraciones originales realizadas por Elena Poirier para servir de portadas a la revista Simbad y que se exhiben en el Museo Histórico dan cuenta del oficio de esta ilustradora nuestra. Ella estuvo activa, y mucho, entre los 15 y los 36 años, hasta que en 1957 se fue a Europa. Murió en Italia cuatro décadas más tarde.
Colaboró activa, febrilmente, en El Peneca , en Simbad , en las colecciones de libros infantiles de Zig-Zag que diseñaba Mauricio Amster -con tapa amarilla las para jóvenes y tapa azul las para niños de menor edad- y también en la legendaria colección Rapa-Nui.
Como Carmela de San Rosendo, Elena había llegado del campo a vivir a la ciudad y entró de aprendiz a la editorial Zig-Zag. Fue ayudante de Coré y luego empezó a hacer dibujos propios, aunque con un trazo más impresionista. Coré -Mario Silva Ossa- pasó como un huracán por las revistas infantiles y juveniles chilenas de la primera mitad del siglo XX y falleció a los 37 años decapitado al paso de un tren, en lo que a todas luces aparece como un suicidio.
Coré era un dibujante de gran precisión y gracia, un lujo de ilustrador, de una altura totalmente inusual para Chile, y su estilo recibe probablemente mucho del art nouveau y de los ilustradores europeos del cambio de siglo. Él había hecho suyo un fantástico mundo de castillos, príncipes, princesas, ogros, hadas, gnomos, carruajes, espadachines, capitanes de barco y sirenas. No sólo los dibujaba, sino que además decoró así su casa. Elena Poirier heredó algo de ese mundo, y también adoptó las poses dinámicas y las perspectivas de las ilustraciones de Coré, aunque desde una sensibilidad más realista y cotidiana.
Fue aquélla una época de enorme fecundidad para las publicaciones infantiles que se editaban profusamente en Chile a base de material comprado en otros países aunque con el aditamento fundamental de ilustradores nacionales. Junto al de Coré y Elena Poirier, cabe recordar el trabajo de Adduard, Nato, Pepo, Óscar Camino o Walterio Millar; una época sin televisión y en un país donde las novedades extranjeras llegaban, sí, pero poco y tarde, y en la que esa nube semanal de dibujos constituía un paisaje en que habitaban los sueños y las aventuras mentales de los niños y niñas de entonces.
Para quienes crecimos en ese tiempo, la exposición de Elena Poirier es decepcionante, pues la casi totalidad del material exhibido son ilustraciones posteriores realizadas en Italia, carentes de ese fuego zig-zagueano. Hay, sí, en la expo una presentación visual donde puede uno ver su libreta de notas del colegio (oh, los colegios): «La niña es descuidada en sus deberes, ya que pasa el día leyendo novelas», dice la anotación. Y su nota en dibujo es un 3.


