La actual dueña del mítico restaurante colocolino habla de cómo han sido los últimos años del local
Nos ha ido bastante bien. Estamos contentos y felices de que sea nuestra fuente de trabajo, explicó María Salomé Rojas.
Enraizado con el origen de Colo Colo, el bar Quitapenas, de calle Recoleta 1485, se apresta a celebrar el Centenario del Cacique. El 4 de abril de 1925 un grupo de jóvenes jugadores de Magallanes, durante una asamblea, quisieron elegir a David Arellano como capitán y se molestaron además con la directiva por su negativa a profesionalizar el club. Frente al choque evidente de opiniones sobre cómo manejar el club, los disidentes decidieron emprender otros rumbos y fundar otra institución, que vería la luz el 19 de abril de ese mismo año. «Vámonos Quiñones», le dijo David Arellano a su amigo, Juan Quiñones, en lo que se fija como el comienzo del principal club de fútbol del país.
«¿Desde cuándo existe ahí el Quita Penas? Oreste Plath y otros autores lo llaman Quitapenas. El 1 de marzo de 1942, su dueño de turno Agustín Biggini le fija ochenta y seis años de clientela. O sea, entre mediados de 1855 y los prime4ros días de 1856 se instala entre los cortejos que pasan por el Callejón del Panteón hacia la última parada de los difuntos», según el libro «Quién es Chile», de Esteban Abarzúa.
Ahora, María Salomé Rojas (78), junto a su marido Miguel Mendoza (68), está al frente del negocio y asegura, sin titubear, que el restaurante tiene 126 años. «Nosotros le compramos el local a Enrique Burroni, en 1997. Somos los terceros dueños. Los primeros fueron un matrimonio italiano, con el señor Degellini, y los segundos también eran italianos», advirtió.
¿Qué la motivó a comprar el Quitapenas?
«Bueno, la verdad es que nosotros somos comerciantes y teníamos un negocio cerca del Mercado Central. Antes de casarnos, vivimos en El Salto. Y pasábamos siempre en micro, por lo que el Quitapenas lo teníamos al lado. Un día apareció un letrero con un Se Vende´ y nos interesó comprar el Quitapenas. Miguel vio el aviso y me lo la comentó. Me pareció una buena idea y lo compramos».
¿Tenían experiencia con el manejo de un restaurante?
«No, pero los papás de él, hace muchos años atrás, cuando eran jovencitos, tuvieron un restaurante en El Salto. Y tenían experiencia con una fábrica de ataúdes. Andábamos cerca, digo por el cementerio».
¿Pero eran colocolinos?
«En mi familia no hay nadie que no sea colocolino. Estamos orgullosísimos de estar aquí, donde nació Colo Colo, imagínate».
¿Al comprarlo, pensaron que podrían darle un empuje?
«Por supuesto, nos entusiasmó mucho la idea y realmente nos ha ido bastante bien. Estamos contentos y felices de estar acá y que sea nuestra fuente de trabajo».
¿Al llegar, le hicieron cambios?
«Primero, comida típica chilena. Aquí hay de todo: los arrollados, la cazuela de ave, la cazuela de vacuno todos los días, los pasteles de choclo, los mariscos, el pescado frito, el congrio, los perniles con papas cocidas, los bifes a lo pobre. Y todos los platos son grandotes».
¿Cómo es el actual público del Quitapenas?
,»Tenemos gente que viene a la colación, que son los cercanos del sector. Y los fines de semana llega mucha familia. Ahora los negocios no están abiertos hasta las 12 de la noche. Antes estábamos hasta la una o dos de la mañana, pero a las 8 estamos cerrando. Funcionamos desde las 10 de la mañana hasta las 8 de la noche. Todos los días».
¿Y cuánta gente trabaja en el negocio?
«En la cocina tenemos 5 personas y 6 garzones. Acá no solo vienen los de Colo-Colo, también de la Selección y niños del Ballet Azul, como 3 o 4 de ellos. Aquí han estado Carlos Caszely, Arturo Vidal, Marcelo Barticcotto, Claudio Borghi, Esteban Paredes. Mucha gente, en realidad».
¿Ha habido algún acercamiento de parte de Blanco y Negro para integrarlos a la celebración de los 100 años?
«No han venido todavía, pero el año pasado estuvieron acá los jugadores históricos, pero de la dirigencia actual de Blanco y Negro no han dicho nada. Creo que en algún momento irán a venir, me imagino».


