Tras una larga espera, sobrecargada de expectación y ansiedad en su tramo final, la Universidad de Chile inauguró la Sala Sinfónica Nacional, el primer gran auditórium concebido para la realización de conciertos en Santiago.
Quedó atrás un período de casi ocho décadas en que su principal usuario -la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile-, se presentó en recintos proyectados originalmente como salas de cine. Ya era hora del ascenso que ahora comienza. De líneas muy modernas, emplazada en pleno centro de la ciudad (Avda. Vicuña Mackenna 20), cumpliendo con todos los estándares de tecnología para brindar una excelente respuesta acústica natural y con una capacidad de 1.000 personas en 360° sobre el recurso sonoro, esta flamante Sala Sinfónica Nacional está impactando tanto a la vista como al oído. Se la puede comparar con las mejores de su tipo en el mundo.
La inauguración fue a lo grande. Con la presencia del Presidente de la República y la Rectora de la U. de Chile (discursos incluidos), más altas autoridades de todos los ámbitos, la ceremonia partió con la entonación del himno universitario. Porque la ocasión lo ameritaba con creces, se echó mucho de menos el canto del Himno Nacional, más aún cuando se contaba con el gran Coro Sinfónico universitario.
Dirigida por Maximiano Valdés, la orquesta dueña de casa interpretó la «Obertura Festiva» del chileno Juan Orrego Salas y la Sinfonía N° 9 «Coral» de Beethoven, esta última con algunas insuficiencias que la solemnidad de la ocasión pudo obviar.
En lo solista participaron Carolina García (soprano), María Luisa Merino (mezzosoprano), Gonzalo Quinchahual (tenor) y Cristián Lorca (bajo), con algunas deudas, más aquel coro, impecable.
A la fecha de esta publicación, la Sala recibió un segundo programa y otro director; el catalán Josep Caballé. La diversidad de relieves, colores y sonoridades que trajo «Una noche en el Monte Calvo» de Mussorgsky, el concierto para violín de Korngold (con el británico Daniel Rowland de solista) y las «Danzas Sinfónicas» de Rachmaninov permitieron percibir las magníficas bondades acústicas del recinto, único en el país.
Probada y aprobada, la nueva Sala tiene desde ya un seguro y permanente gran usuario: la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile. Pero ojo, que su sola oferta tendería a percibirse insuficiente, incluso mezquina, considerando las enormes posibilidades que brinda este magnífico recinto tan nuestro. La U. de Chile debería abrir una curatoría que curse invitaciones a todo nivel, nacional e internacional.


