FOTOS DE REFERENCIA (Cargar Manualmente):
FOTO 1
Ruta: /2015/01/24/Politica@2_G6B2K5I3F_1_pol_tere_2401_IMG.jpg
Título/Pie de foto: Teresa Marinovic
La selección produce, en muchos casos, frutos buenos; y no solo buenos, incluso necesarios.
Teresa Marinovic
En su en su programa de gobierno Bachelet condenaba ex cathedra la selección en los colegios. En sintonía con la clásica sensibilidad socialista, declaraba apóstata a toda aquella institución que quisiera elegir a sus alumnos (o sea, discriminar). «Buena» sería entonces la escuela cuyo principio rector fuera la integración absoluta; «mala», cualquier otra. Y como derivada práctica del dogma, quedó así establecida la obligatoriedad de instaurar un modelo educativo único.
El problema es que al sínodo se le fue un detalle: la selección produce, en muchos casos, frutos buenos; y no solo buenos, incluso necesarios ¿O acaso sobran en Chile deportistas de alto rendimiento? No, pues. Entonces hay que favorecer colegios especiales para ellos que…seleccionen a los con más potencial ¿O abundan en el país científicos que descubran o inventen cosas? Tampoco. No hay más remedio que descubrirlos, por tanto… vía selección; y ojalá, ponerlos en contacto entre sí, porque su capacidad creativa será mayor si desarrollan su función en equipo.
La curia de la Nueva Mayoría comprendió entonces que la diversidad de proyectos (selección mediante) no era algo tan malo: proyectos que seleccionen, que elijan, que discriminen, para desarrollar su objetivo de manera eficaz, podían contribuir al progreso de Chile. El problema es que no era fácil echar pie atrás, porque el dogma lo prohibía.
¿Qué hicieron entonces los obispos concertacionistas? Relativizar el pecado admitiendo la posibilidad de que algunos liceos lo cometieran… pero solo a veces y no demasiado. Concretamente, fijando cuotas de un 30 por ciento que equivalen al límite de tolerancia al mal que estimaron prudente tolerar.
¿Por qué lo hicieron? Por cobardía. Porque decir «me equivoqué» no está dentro de sus costumbres. Y porque los matices, que la mayoría percibe a kilómetros de distancia, ellos los ven cuando están a la altura de su nariz. Es decir, tarde.
¿Qué ocurrirá en el futuro? Que los colegios enfrentarán un problema interno serio al momento de cumplir con sus propios objetivos. Probablemente, deberán renunciar a ser lo que eran o bien, se transformarán en instituciones en las que aprenden solo un 30 por ciento de sus alumnos, aquellos que cumplen con los requisitos de acuerdo a los cuales esa institución fue pensada y organizada.
Y es que, como dice Oriana Fallaci: «Los mediocres de lo Politically Correct niegan siempre el mérito. Sustituyen siempre la calidad por la cantidad. Pero es la calidad la que mueve al mundo, queridos míos, no la cantidad. El mundo avanza gracias a los pocos que tienen calidad, que valen, que rinden, y no gracias a ustedes que son muchos, y muy tontos».
Mientras tanto, la discusión sobre aquellas discriminaciones que son inaceptables, aquellas que constituyen una amenaza para nuestra forma de vida y nuestra cultura, esas quedarán pospuestas para una próxima oportunidad, para otro concilio, quizás.


