Corte Suprema ordenó revertir parte de los pagos por constituir enriquecimiento sin causa
El reglamento de la Comunidad Punta Diamante de Antofagasta prohibía la tenencia de mascotas; de lo contrario, aplicaba multas en UTM.
Cuando Jumpy, un chihuahua recién nacido, llegó a su departamento allá por el 2008, Guillermo Núñez no tenía idea de que las mascotas no eran bienvenidas en el condominio donde vivía, la Comunidad Punta Diamante de Antofagasta.
Desde el 2012, el reglamento del conjunto habitacional estableció que no se permitían animales en las viviendas; si los había, su propietario debía pagar una multa mensual que por entonces era algo así como de 25 mil pesos.
Núñez y el resto de los vecinos con mascotas pagaban, no porque creyeran que era justo, sino porque la suma no era tanta y porque tenían miedo de perder a sus seres queridos. «Yo a mi perro le llamo hijo, y yo digo que soy su padre, porque para mí es un hijo, así lo siento», confiesa Guillermo Núñez.
El 2016, la administración del condominio subió la rigidez de la normativa. En vez de pesos, comenzó a cobrar de 1 a 3 UTM (hoy una UTM equivale a $66.628). Si en el plazo de cuatro meses los dueños no sacaban a sus mascotas de los departamentos, recurrirían a la justicia para ordenar el desalojo.
Guillermo Núñez sintió pánico. «Sacaba a Jumpy a pasear a la calle a las seis de la mañana y escondido en bolsos para que no lo vieran en la portería, pero hacía tanto frío que se enfermó. Casi se muere, el pobre», recuerda.
«Siempre pagué. Al mes pagaba más en multas que en gastos comunes. Y si no pagaba, me cortaban la luz. Tuve que pedir préstamos para pagar las multas y lo hice por miedo a que me quitaran a Jumpy. Es mi hijo. Imagínese que le quiten a su hijo».
La demanda
Pero otros vecinos no se dejaron intimidar y pasaron a la ofensiva. La abogada Karyn Eaglehurst tiene una terrier chilena llamada Pascuala y también pagó las primeras multas «sabiendo que no estaba bien», pero para no hacerse problemas. Pero cuando subieron las multas a UTM, nunca más pagó.
«Me cortaron la luz por no pagar las multas, siendo que no pueden hacerlo. La administración de un edificio solo puede cortar la luz cuando no se pagan los gastos comunes, no cuando no se pagan las multas», cuenta. «Lo que hicimos fue juntar a todos los vecinos con mascotas y recurrir a la justicia. Ese primer recurso fue para impedir que no nos quitaran las mascotas, para darles tranquilidad a los vecinos. Fuimos al juzgado de policía local y después a la Corte de Apelaciones. Y ganamos».
El 2018, explica la abogada, quien alegó la causa, la Corte determinó que las mascotas son bienes muebles y, como tales, no se puede prohibir su tenencia dentro de un departamento, como no se puede prohibir tener un televisor.
«El fallo se basó en el derecho a la propiedad. Y un reglamento de copropiedad, aunque tenga una norma de prohibición, no está por sobre el derecho a la propiedad».
Desde entonces, agrega Eaglehurst, no se siguieron cobrando multas en el condominio, pero hubo vecinos que habían pagado demasiado. Como Guillermo Núñez, quien alcanzó a desembolsar un total de 12 millones. Algo había que hacer.
«El 2019 decidimos presentar un segundo recurso para que devolvieran los dineros», cuenta Eaglehurst. «Esta vez presentamos la demanda a nombre de los dos vecinos que más pagaron (Núñez y otra vecina)».
Un alivio
El resultado final lo entregó, hace una semana, la Corte Suprema. Ordenó devolverle 3,6 millones de pesos a Núñez y $1,6 millones a la otra vecina afectada. El argumento fue «enriquecimiento sin causa».
«No se pudo lograr la devolución de todo el dinero que gastó don Guillermo en multas porque muchas, por la fecha en que se pagaron, habían prescrito», explica la abogada.
«Estos fallos son un alivio», dice Guillermo Núñez. «Ahora el edificio está lleno de mascotas. Gracias a nuestra lucha, a nuestro amor por nuestras mascotas».
Se escuchan unos ladridos de fondo.
«Ese es Jumpy, mi hijo».
¿Y si un perro ladra y molesta a los vecinos?
Claudia Poblete, abogada de Comunidad Feliz, aclara que la Ley de Copropiedad, que comenzó a regir desde abril de 2022, indica que los reglamentos de comunidad no pueden prohibir la tenencia de mascotas. Sin embargo, eso no significa que los perros puedan hacer lo que se les dé la real gana.?»Los comunidades pueden aprobar reglamentos que limiten al uso de los espacios comunes por parte de las mascotas», dice. «Por ejemplo, pueden establecer que las mascotas no pueden acercarse al sector de los quinchos, o que toda mascota en los espacios comunes debe usar arnés o de lo contrario, se les cursará una multa de equis cantidad de dinero a los propietarios. Eso la ley sí lo permite».?Y si hay una mascota que pasa todo el día ladrando y que pasa sola en la casa, el comité de administración podría colocar una denuncia al juzgado de policía local o la municipalidad por maltrato animal.