El pastor se defiende y dice que lo avala la libertad de culto
Los afectados dicen que los fines semanas no pueden descansar adecuadamente.
Están tan caldeados los ánimos en un sector del barrio Victoria, en Santiago, que la discusión que los vecinos tuvieron este lunes con miembros de la congregación evangélica pentecostal «Cruzada del Poder» terminó con manotazos de lado y lado.
¿La causa? Los cansadores ruidos que el grupo religioso produce durante sus sesiones.
Según explica la vecina Constanza Flores, quien vive a una cuadra de la esquina de Victoria con Roberto Espinoza, donde hace más de dos años funciona el templo dirigido por el pastor Hugo Albornoz, «el nivel de escándalo que alcanzan los fieles es tan grande, que tres tardes por semana tenemos que encerrarnos para poder dormir o mirar televisión».
A eso se suman las largas jornadas matinales de los fines de semana, en que decenas de pentecostales marchan cantando por todo el barrio, con la esperanza de «convertir» a las almas perdidas del sector. Para ello, no solo cuentan con instrumentos como acordeones, guitarras y las infaltables mandolinas, sino que portan un gran parlante.
«Es terrible no descansar tranquilos después de una semana de trabajo, ya que es imposible dormir más allá de las nueve de la mañana», cuenta la joven, quien tras reclamar, asegura que ha sido agredida por varios miembros de la congregación.
El pastor Albornoz se defiende. «Estamos protegidos por la libertad de culto que nos da la Constitución, que es un derecho que vamos a defender», dice el hombre, quien ha sido cuestionado en redes sociales por su hábito de profanar símbolos de otras religiones. Especial atención han captado los videos en que el líder religioso interroga a imágenes de yeso de la Virgen María, figura central del catolicismo, las que, al no responder, son arrojadas al suelo y destruidas.
«Eso lo hacía hace más de diez años, pero en todo caso con figuras que compro y que rompo, para dejar claro que los ídolos no hablan y que solo el Señor tiene la palabra», asegura el pastor, quien no ve falta de respeto en sus acciones.
También, Biblia en la mano, muestra las mejoras que ha hecho al galpón que adaptó como lugar de reunión. «Tapiamos varias ventanas para mejorar la acústica y contener el ruido», cuenta Albornoz, cuyo templo no colinda con casas particulares.
«A ambos costados y atrás funcionan espacios comerciales, por lo que no hay vecinos que se vean afectados directamente por el ruido. Además de eso, he pedido que bajen el volumen a los parlantes, porque nuestra intención no es molestar, sino acercar a las personas a Dios», asegura.
Más respeto
Sin embargo, no todos están de acuerdo. Sandra Ríos también es una evangélica pentecostal, pero de otra iglesia, una que funciona hace más de 40 años en el mismo barrio y que se levanta a menos de cien metros del templo de Albornoz.
«Acá hay hartos cristianos, algunos chilenos y otros extranjeros y jamás hemos tenido problemas con la comunidad, por lo que no se trata de si uno cree o no en Dios, sino más bien, si uno es capaz de dejar vivir al resto, sin intentar convertir a la fuerza a nadie, porque eso es violento hasta para los propios cristianos pentecostales», asegura.
Este lunes la discusión se generó en medio de un despacho televisivo, pero no pasó a mayores.


