Daniella Herrera, integrante de Armada Racing, conduce la versión Mach 1 del 2022
En el 2012, Daniella Herrera (39) sufrió un accidente de tránsito que la marcó. Mientras conducía una motocicleta, un auto pasó con el semáforo en rojo y la chocó. Sufrió tantas fracturas que tardó un año en recuperarse y volver a caminar. El conductor no se hizo cargo. Herrera quebró.
«Perdí todo lo que tenía. Tuve que volver a armarme, me costó bastante, pero ahí dejé las motos de lado 100%, nunca más me subí a una», relata.
Aunque Herrera no dejó la velocidad.
Su abuelo era chofer en Ford y un tío le enseñó a conducir a los 11 años. Desde ahí soñaba con conducir un vehículo de carreras. Tras su accidente, se fue involucrando en el mundo de los autos. Así llegó a ser miembro de Armada Racing, un grupo de pilotos que practica en el autódromo de San Antonio, además de ser parte del Mustang Club Chile. Y también cumplió su sueño de niña al comprarse un Ford Mustang Mach 1 del 2022.
Hay gente que queda con mucho más miedo a los autos tras un accidente así. En su caso fue un poco lo contrario, ¿o no?
«O sea, siempre está el respeto a la velocidad. Yo no me subo nunca más a una moto, pero, claro, se vive la vida de otra forma».
Compró el auto -la versión más completa del Mustang- en febrero de 2022 y dice que no le ha querido modificar nada, solo las gráficas y los neumáticos.
«Siento que aún no lo he explorado por completo. No he llegado a experimentar aún todas las maravillas que él me puede entregar», cuenta.
¿En qué se diferencia su Mustang del clásico, el GT?
«Lo primero es que viene con frenos mejorados, con pinzas de frento Brembo de seis pistones (el GT tiene cuatro), 470 caballos de fuerza (versus 450) y que puede llegar a 100 kilómetros por hora en 4,4 segundos. Además, viene con cuatro modos de conducción, lo que hace maravilloso para poder utilizarlo en el día a día, como también en la pista. Sus reacciones intensas y algo bruscas por su tracción trasera lo hacen un amigo muy entretenido».
El gusto por los animales
Cuando debía elegir qué estudiar, respetó otro sueño de niña, uno que visualizó cuando tuvo unos cachorros muy enfermos de parvovirus.
«Y no teníamos los recursos suficientes para hospitalizarlos ni darles el tratamiento adecuado, hasta que fallecieron. En ese momento yo me prometí estudiar medicina veterinaria e intentar a lo largo de mi carrera que ninguna mascota falleciera sin una muerte digna», relata.
Hoy, Herrera es veterinaria y se dedica a la medicina felina, especialmente a la cirugía.
«Aparte de eso tengo una gatera con gatos rescatados de los incendios, como el de Santa Olga o el de Quillón, que tengo para poner en adopción», explica.
¿Hay algo que tengan en común su trabajo con los gatos y ser piloto?
«Yo creo que los gatos son unos seres libres y maravillosos y creo que al ser piloto, yo también. Al manejar, con la velocidad me siento más libre, con la agudeza de los sentidos. Es algo difícil de explicar».
Si tuviera que escoger entre ser veterinario o piloto, ¿por cuál se inclinaría?
«No podría elegir. Son mis dos grandes pasiones y creo que las he complementado súper bien. Ninguna se sobrepone a la otra. Soy médico veterinario las 24 horas del día, los siete días de la semana y los tiempos libres que tengo los aprovecho para entrenar, ir al autódromo y disfrutar».
Usted me comentaba que poca gente sabe que es piloto.
«No toda la gente lo sabe. Como es mi hobby, lo publicó poquito en redes sociales, siempre posteo más sobre el tema de mis gatitos. Al final, son mis dos grandes pasiones. Ser piloto es más que nada la felicidad que me da todos los fines de semana correr en auto y disfrutarlo. Cumplir un sueño a esta edad es súper importante».
¿Ve conducir como un hobby o un trabajo?
«No es trabajo. Yo no genero ningún tipo de recurso con el tema del autódromo. Es 100% hobby. Pero hasta me invitan a exponer. Hace poquito fui a un colegio, María Griselda, a hablar con unos chicos que estudian mecánica, muy feliz de demostrarles que con trabajo y estudio todo se puede lograr».
No genera ingresos.
«Como te dije, mi abuelo era chofer de Ford, mi papá es cartero y con mucho esfuerzo yo estudié medicina veterinaria. Poco a poco, casi a mis 40 años, logré tener el auto que siempre quise y que en mi familia siempre quisimos tener. Entonces, me invitan a un colegio, yo voy, les enseñó a los chicos que tienen que ser perseverantes. Bajo ningún punto de vista lucrar con el auto».


