El problema es que vuelve en el peor momento posible.
Es evidente que las cosas no van bien. De hecho, todo apunta a lo contrario: que el país retrocede. En los últimos dos años la inflación ha aumentado a niveles que no se habían visto desde los noventa y las oportunidades laborales han alcanzado su peor registro en al menos una década. Mientras que la crisis de seguridad ha obligado a las personas a encerrarse en sus casas para no convertirse en víctimas, los narcos y los delincuentes se han tomado las calles.
Para peor, ahora explotan dos grandes casos de corrupción. Como si no hubiera suficientes problemas se suman dos escándalos que prometen volver a potenciar la ira de la gente. Al Caso Convenios, que se destapó a mediados de año y que involucra al principal partido del gobierno, ahora se suma el Caso Audios, que afecta directamente al Servicio de Impuesto Internos.
Una avalancha de desilusión. Un asunto que parecía estar enterrado y olvidado en el pasado, pero que ahora, como un fantasma, vuelve a penar. El problema es que vuelve en el peor momento posible. Vuelve en medio de un gobierno que simplemente no ha logrado dar pie con bola. Vuelve en un momento en que los políticos están más preocupados de los políticos que de la gente.
De qué otra forma se explica que el país lleve cuatro años estancado en un proceso constitucional. Si quienes gobiernan se hubiesen hecho cargo de los problemas del momento en vez de hablar de cambio constitucional, el país probablemente no se habría hundido en la crisis económica, laboral, y de seguridad en que está ahora. Por lo menos podrían haber usado el tiempo para hacerle frente a la corrupción.


