Fue tejida por mi abuelita Pilar, que murió hace 14 años, cuenta la española
Martina, quien nació hace más de una semana, llevará jardineras y chalequitos confeccionados hace 42 años. La mamá detalla cómo fueron cuidadas todo este tiempo.
Hace poco más de una semana que Wilma González y su marido, Nicolás Seguel, recibieron a Martina, la hija que ambos buscaron por un buen tiempo. Pesó casi tres kilos y medio, según consignó el equipo médico que efectuó la cesárea que debió practicar.
La niña está en perfectas condiciones y con un saludable apetito que mantiene a la entrenadora española con sueño acumulado.
«Se porta súper bien mi niña, sólo quiere comer y que la tenga en brazos. Por las noches despierta a cada hora para alimentarse», comenta con una sonrisa.
En esas largas jornadas en vela, dice Wilma, «he tenido que sacar todo el repertorio de canciones de cuna» y una maquinita que hace ruido blanco para inducir el sueño a la niña.
Aunque ella y Nicolás han reducido drásticamente las horas de sueño, no se hacen problema. «Anoche mi marido durmió apenas tres horas y se fue a trabajar el pobre, porque se le acabó el permiso post natal», sostiene la española.
Como hace frío, la pequeña Martina anda muy abrigada en casa usando ropa gruesa, bajo el cuidado del papá y de Noah, el hijo mayor de la española, quien ya tiene 15 años.
«Alguna de esa ropa que va a comenzar a usar (Martina) es la misma que yo usé en 1984, cuando nací en Palmas de Mallorca», relata la entrenadora personal.
¿Qué clase de ropa es esa?
«Son enteritos, jardineras, chalequitos, todo tipo de cosas. Todo eso fue tejido por mi abuelita, Pilar, quien murió hace 14 años. Por ahora mi niña está con más enteritos en casa, pero esas prendas las usará cuando sea un poquito más grande».
Según cuenta, esas ropitas las conservó por décadas su madre y se las entregó a Wilma para que las usara primero Noah. Ahora están planchadas y guardadas, esperando ser usadas por la niña.
«Son prendas hechas a mano de excelente calidad y muy lindas porque ella era muy buena para tejer y coser. Además tiene un gran significado. Yo adoraba a mi abuela, así que es bonito tener su energía entre nosotros», afirma.
¿Cómo las conservó todo este tiempo?
«Las guardé limpias en unas bolsas especiales que se sellan al vacío con una aspiradora. Entonces no les entra humedad, ni polvo, ni se deterioran. Después se sacan y se vuelven a lavar, secar y listo».
¿Usted sabe tejer?
«Cuando más tejí fue de pequeña. Me encantaba, le hacía trajes a las barbies y muñecas. Ahora no me da tiempo».
El hermanito
Aunque las noches se le hacen largas, Wilma afirma que «no me siento sobrepasada» por la maternidad. «Cuando tuve a Noah tampoco sufrí una baja hormonal, sólo me pregunté si la vida iba a ser así, sin dormir. Hoy ya lo tengo más asumido».
¿Cómo lo ha tomado Noah?
«Está muy bien, muy feliz, pero le da cosita porque la ve tan delicada, chiquitita, que la toma, pero se pone tenso, un poco nervioso. Mi hijo es una persona muy linda y cariñosa. Me pregunta todo, por qué el cráneo de Martina es así, cómo tomarla, etcétera. Me dice que ojalá su hermana crezca rápido para jugar con ella».
Ya está grande Noah.
«Tiene 15 y mide casi 1,90».



