Detrás de una fachada de ingenuidad, Los 4 fantásticos nadan contracorriente
Aún cuando evidencia una escritura con lápiz de punta roma y efectos poco especiales, «Los 4 fantásticos: primeros pasos» demuestra un corazón enorme para el cine de superhéroes, un rubro que cada vez deja más en evidencia su vocación de fábrica de salchichas. Con respeto, eso sí.
Lo más valioso de esta historia radica en que rescata el espíritu de las historietas, es decir la bondad, sacrificio, colaboración, pero por sobre todo la esperanza.
En estos tiempos en que, en especial en Estados Unidos, cunde la política matonesca del egoísmo y desconfianza, una película que descansa en la fe en el prójimo resulta casi casi fuera de lugar. O a contracorriente.
Lejos de ser ingenua, «Los 4 fantásticos: primeros pasos» parece bien craneada para contrarrestar el ambiente de pesimismo que ronda por doquier.
De cierta manera, resulta refrescante notar que podría tratarse de una tendencia, considerando que el reciente estreno de «Superman» compartía un espíritu amable. Después de todo, el hombre de acero ganó fama en los años 30, en medio de una época más oscura que la actual.
Por otro lado, en ambas películas de superhéroes la confianza no se deposita en los gobiernos u oficinas, sino directamente en las personas corrientes que sin trajes brillantes ni poderes impulsan un mundo mejor intencionado.
Antes de que se acabe el espacio, es de justicia valorar a los protagonistas del filme. El lector estará ya un poco cansado de leer sobre Pedro Pascal, pero bien vale resaltar que la evolución en su oficio le permite cubrir la más alta gama de registros, incluido al del padre de un escuadrón que se esmera por proteger a ciudadanos anónimos, como un proyección de lo más noble que nos va quedando: la buena voluntad.


