Son tantas las figuras que hay que conseguir, que la mejor opción es intercambiar
Considerando que Chile no asistirá a la cita planetaria, sociólogo entrega pistas para entender este comportamiento. Este fin de semana habrá una gran cambiatón.
Messi (ARG 17), Cristiano Ronaldo (POR 15), Lamine Yamal (ESP 15) y Mbappé (FRA 20). Además de ser mega cracks del fútbol mundial, tienen otra cosa en común: son posiblemente los jugadores más importantes en la actualidad y cualquiera que esté llenando el álbum del mundial de fútbol 2026 quiere y necesita tener las láminas de esos jugadores.
Considerando que Chile ni siquiera va al evento deportivo que parte el próximo mes, parece irrisoria la fiebre que el álbum Panini ha generado en nuestro país. De hecho, ya no son sólo los niños y niñas quienes juntan las figuritas y las intercambian en los recreos o afuera del colegio, cuando ya los inspectores no los pueden retar. Jóvenes, adultos, y bien adultos, andan en la misma sintonía. Así lo pudo corroborar Mily Stierling, quien organizó una cambiatón en el Barrio Italia durante los cuatro días del pasado fin de semana sándwich (ver galería https://goo.su/QNWFHHL).
Listo para cambiar
Al encuentro, donde las personas van a cambiar las láminas que tienen repetidas, Stierling calcula que llegaron unas 7 mil personas en total. «Es muy bonito el ambiente que se genera, todos llegan con sus láminas ordenadas listas para intercambiar, con un elástico alrededor o en bolsas Ziploc. La gente suele tener en un papel anotadas las que les faltan, aunque algunos jóvenes usan aplicaciones para eso y van mirando en su celular los números que les faltan».
La productora cuenta que esos días llegaron personas a vender láminas, pero ellas los correteó. «Está prohibido. Acá sólo se intercambia», aclara la mujer, quien para este 29, 30 y 31 de mayo organizó otra cambiatón en el mismo lugar (Condell 1328, Providencia).
Stierling cuenta que le sorprendió la diversidad de los asistentes. Por supuesto que andaban niños y «muchísimas niñitas», algunos con sus padres o abuelos y familias completas. Pero también vio hartas mujeres adultas. «Llegó un grupo de unas ocho mujeres, venían de un bar y andaban buscando láminas para ellas y sus pololos y maridos. Una trabajaba en un banco y también cambiaba láminas en la pega. También me dio mucha alegría un señor mayor que logró completar su álbum», cuenta.
El fin de semana, recuerda, vio que cerca de 80 personas completaron su álbum. «Cuando lo consiguen lo celebran mucho, se ponen muy felices. Ese señor debe haber tenido unos 65 años. Estaba súper contento y orgulloso. Dijo que primera vez que completaba un álbum en su vida».
Un juego
Camilo Améstica, doctor en Sociología y académico de la Universidad Central, entrega algunas pistas para entender esta fiebre. «El álbum y la colección de láminas no es cualquier objeto de consumo. El álbum tiene la gracia de que es una promesa de tiempo. Cuando uno lo adquiere, está comprando un pedazo de tiempo a utilizar en una actividad, una actividad que tiene la gracia de que muchos y de distintas generaciones comparten. Todos sabemos jugar este juego», explica.
Además, agrega, «participa no solo la persona que lo colecciona, también la mamá que va al kiosco a comprar sobres a sus hijos o el abuelo que se incluye en la actividad regalando láminas. Eso tiene una importancia clave, porque más que un objeto en sí, es un juego y una promesa de jugarlo».
Para el autor de «Hinchadas: una cultura obstinada», hay otro aspecto significativo: la materialidad del juego. «Esto ocurre en un mundo digital, donde todas las imágenes están disponibles y son sobreabundantes. Para jugar este juego necesitamos que exista escasez de láminas y de tiempo».
¿Cómo así?
«Porque hay un periodo de tiempo particular en el que existen láminas del Mundial. Ahora podemos acceder a ellas pero ese periodo va a acabar, entonces esa escasez revela la importancia de la materialidad y de que podamos intercambiar en este momento. Eso le hace la contra a la sobreabundancia de imágenes que tenemos en el mundo digital».


