Creó el relato Misteriosos ruidos de la noche junto a sus hijas Ema y Rosa
La conductora se atrevió en el proyecto Imagina que volamos junto a improvisados autores como Iván Zamorano o Loreto Aravena.
Fueron nueve las figuras de los más diferentes ámbitos las elegidas para participar en algo que, a la primera, suena como una bicoca, pero que en realidad es todo lo contrario: sentarse a dejar correr la imaginación y escribir cuentos infantiles. La primera dama, Cecilia Morel, se turna con Iván Zamorano, Soledad Onetto, Francisco Melo, Loreto Aravena, Juanita Parra, Marco Antonio de la Parra y Rafael Araneda en esta edificante tarea. Pero también hay una madre que, dos febreros atrás, estuvo sentada mucho rato al lado de su hija Ema en una habitación de la Clínica Las Condes esperando que ella mejorara después de haber caído a una piscina. Consuelo Saavedra sabe de lo que habla.»He tenido la experiencia de tener niños hospitalizados. Sé lo mal que lo pasan y lo difícil que es para los papás. También soy muy fanática de la lectura, entonces, encontré que poder distraerlos a través de ella y a la vez tener esa conexión con ellos, que se entretengan, estaba dispuesta a superar mis propias trabas y arriesgarme a escribir algo», explica la autora del relato «Misteriosos ruidos de la noche».
Por eso Consuelo y los otros aceptaron gustosos la invitación del Hospital Clínico Universidad de Chile para escribir cuentos para niños hospitalizados, un proyecto literario que partió allí bajo la dirección de la periodista Fernanda Farfán y el Dr. Owen Korn, y que contó con el apoyo del Laboratorio GlaxoSmithKline.
La mujer de Andrés Velasco dice que «sé lo que significa estar dos meses con un niño en un hospital y son palabras mayores», aunque reconoce que con Ema no estuvo en una situación idéntica. «Eso fue distinto. No me tocó leer, porque además ella era muy chiquitita. Sí he tenido a las niñitas (Rosa y Ema) con virus y neumonía, pero también pensé en los niños con cáncer, que pasan meses ahí. A ellos tienes que crearles espacios de cotidianeidad con rutinas y allí entras en un espacio donde los libros pueden ocupar un lugar importante», cree.
Entonces, no le quedó más que lanzarse a teclear, aunque contó con algo que no tenía en cuenta: la apreciable ayuda de sus hijas. «Un fin de semana que me puse a escribirlos. Ellas se acercaban y me empezaron como ayudar un poco. Entraban y salían de la pieza, me daban algunas ideas y, como estaba tomando parte del tiempo familiar, quise hacerlas participar. Ahí entre las tres decidimos que al protagonista le íbamos a poner Gaspar, como su hermano menor», revela.
«Es terriblemente difícil escribir un cuento, pero me entusiasmé porque me pareció un proyecto precioso. Nunca había escuchado algo así en Chile, es una gran idea», se entusisma.
La gracia del libro es que llegará como donación a los hospitales pediátricos de Santiago y a las unidades de pediatría de los hospitales públicos regionales de todo Chile. Son cuentos pensados para niños de entre 4 y 10 años, los que fueron ilustrados por Loreto Salinas, Carolina Schutte, Sandra Conejeros, María José Olavarría y Ángeles Vargas, todas con experiencia en libros de este tipo.
Ruidos de la noche
La conductora de TVN, en todo caso, asegura que para ella la actividad de leer cuentos es sumamente común. «Todo el rato les leo. Mis hijas saben que si los papás salen de viaje, van a llegar con libros de regalo. Son una presencia importante y cotidiana en la casa. Se leen mucho», estima.
«Por eso sé la conexión que puede haber entre un adulto y un niño, porque este libro está pensado para un hospital, lo que implica que lo puede leer una enfermera o un voluntario. Tú ahí llevas al niño a otros mundos y eso es un momento súper potente», lanza.
El cuento de Consuelo está pensado para niños bien chicos, pues es la edad en la que ella se está manejando con sus hijos. Por eso habla de las cosas que les pasan en la noche, cuando están tratando de dormirse a oscuras. «Eso es lo que le preocupa a un niño de esa edad, los ruidos de la noche. Por eso pensé que tenía que hacerles sentido a niños de 5 o 6 años y que fuera fácil de leer».
El último cuidado que tuvo la periodista con su texto fue mezclarlo con sonidos de la naturaleza y con la idea de que todos podemos ser iguales. «Quise poner pequeñas moralejas en el contexto de algo muy cotidiano. Obvio que no espero reconocimientos, pero lo testeé un poco con mis hijas. A una la invitan porque es conocida, no porque sea escritora, para ayudar», aclara.
Lo mismo cree el actor de TVN Francisco Melo. «Este libro puede servir para hacer soñar y aportar en el crecimiento de los niños que están lejos de su hogar, de sus juguetes, de su entorno. Servirá para afianzar los lazos familiares».
Loreto Aravena, la actriz de la exitosa serie «Los 80» tampoco pudo resistirse. «Cuando conocí la idea dije yo quiero estar ahí . Me gustó mucho el proyecto porque creo que es un aporte para la salud de los niños hospitalizados que están tan vulnerables tanto física como psicológicamente. Es un lindo proyecto que los va a ayudar a ser más llevadera su estadía, que los va a ayudar a imaginar y a soñar», calcula.
A continuación, extractos de tres de los cuentos del proyecto.
«Misteriosos ruidos de la noche»Gaspar se despertó de un salto, asustado por el chirrido. «Crííí, crííí». El sonido venía de una esquina y parecía inmenso en la oscuridad de la noche. Gaspar fue corriendo a la pieza de sus papás.
«Hay un monstruo escondido en el clóset», les dijo con la voz entrecortada y el corazón galopando. Sentía como si viniera corriendo desde muy lejos.
«Y suena igual que si tuviera una máquina para hacer hoyos en la pared», agregó convencido.
«Tranquilo, vamos a buscarlo», le dijo la mamá tomándolo de la mano.
Al entrar al dormitorio y prender la luz miraron primero entre los zapatos desordenados. Nada. Luego en la repisa de los chalecos. Nada. Finalmente detrás de un abrigo colgando lo encontraron. «Crííí, crííí». Y no era un monstruo.
«Mira, es un grillo. Lo que escuchaste fue su canto. Los grillos frotan sus alas cuando quieren pedirle matrimonio a una hembra», explicó la mamá. Gaspar vio que el grillo se quedaba inmóvil, como tratando de que no lo vieran.
«¿Ves? Y lo mismo que tú cuando lo escuchaste, él tiene miedo porque piensa que le haremos daño».
Con un beso, la mamá dejó a Gaspar en su cama. El niño se quedó dormido al ritmo del «crííí, crííí». Se puso a soñar que estaba bailando en la fiesta de matrimonio del grillo pero de pronto el sonido de una sirena asustó a los invitados. Gaspar se despertó de nuevo con la respiración agitada. «Uúú, uúu», se oía al otro lado de su ventana.
«Mamááá». Al grito de Gaspar la mamá llegó en un segundo al dormitorio.
«Debe haber un incendio porque suena una alarma, quizás son los bomberos o una ambulancia» dijo el niño y justo de nuevo se escuchó»uúú, uúu».
La mamá sonrió, descorrió la cortina y tomando a Gaspar en brazos lo invitó a mirar por la ventana. Sobre una rama a la luz de la luna, el niño vio un pájaro de cara redonda y ojos enormes mirándolo fijamente.
«Siete razones para que te guste el ocho»A Gonzalo le gusta mucho el número siete. No solo le gusta, podríamos decir que es su número preferido. Quizás porque su nombre, Gonzalo, tiene siete letras y además empieza con la séptima letra del abecedario; o porque 7 colores tiene el arcoíris y a Gonzalo siempre le han gustado mucho los arcoíris. O porque es el número 7 en la lista de su curso, después de Antonio, Beatriz, Carlos, Daniela, Emilio y Florencia. O quizás porque nació un siete de julio a las 7 de la mañana. O también porque son siete las notas musicales y a Gonzalo le gusta mucho cantar. O quizás simplemente porque el siete es para muchos un número de mucha, mucha suerte .
A Gonzalo le gusta coleccionar cosas. Pero adivina ¿cuántas cosas tiene de cada tipo? ¡Exacto!
Tiene:
-7 fotos de las siete maravillas del mundo.
-7 piedras que trajo de la Séptima Región.
-7 peluches de la película «Los 7 Enanitos».
-7 Pelotas con los 7 colores del arcoíris.
-7 volantines que le regalaron un 7 de septiembre.
-7 xilófonos con las siete notas musicales.
7 yo-yos de séptima generación.
«Luis, el niño que alcanzó su sueño»Luis tenía 12 años y vivía en un barrio difícil. Sus ojitos brillantes reflejaban la luz del sol y su tremenda sonrisa iluminaba las calles de una población muy peligrosa, donde para cualquier chico era impensado apostar al futuro, donde dar un paso tan grande como el que dio él, parecía imposible.
Pero Luis siempre supo lo que quería. Amaba la pelota como a su propia vida y cada vez que podía jugaba fútbol. Gracias al balón cultivó un espíritu enorme de superación y de confianza, que lo ayudó a sortear los momentos más duros.
En el colegio todos lo querían mucho, Luis estaba destinado a triunfar. Pero no porque tuviera suerte. Luis le dedicaba la vida al fútbol porque lo amaba, pero también porque quería superar su pobreza y ayudar a sus padres. Por eso estudiaba mucho y también entrenaba.
Quería ser futbolista profesional, meter un gol frente a sus padres representando a su país y ganando. Y se lo prometió a sus amigos.»¡Algún día llegaré lejos!».
Y tal era su confianza que incluso escribió su firma en un pizarrón y les dijo a todos: «No olviden esta firma, será famosa. Y nunca me olviden, porque yo no olvidaré el lugar del que provengo».
Aplanó las canchas de su barrio y se convirtió en el mejor de todos. No había arco ni rival que superara su enorme corazón. Su madre y abuela vibraban con él cada partido, haciéndole barra desde la galería.
«He tenido la experiencia de tener niños hospitalizados. Sé lo mal que lo pasan y lo difícil que es para los papás».


