Con un capítulo ya están entre los más escuchados
Margot Kahl le dijo a Rosario Bravo que tenía condiciones para la TV, hoy suma 330.000 seguidores en TikTok. Soy la antiinfluencer, comenta.
La vida de Rosario Bravo parece estar marcada por las casualidades. En septiembre del año pasado abrió TikTok y su primer video enseguida se hizo viral. Ella reconoce que sigue sin saber cómo lo logró, pero gracias a eso se hizo tiktoker y hace una semana conduce junto a Daniel «Huevo» Fuenzalida el podcast «¿Cómo están los w…?», que con apenas un capítulo en Spotify ya está en el tercer lugar de los más populares en Chile. Su vínculo nació cuando el animador la postuló como personaje para «Tierra brava».
Ella le escribió para agradecerle, pero que no era su perfil. Entonces él le propuso invitarla a «Sin Dios ni late» y a «Me late». «Yo no voy a pelar a nadie. Lo que me interesa sería un podcast, pero no sé cómo se hace», le contestó. Fuenzalida se movió, grabaron un piloto y se lanzaron.
Antes de hacerse conocida en redes, cuando Rosario tenía 19 años, llegó de colada a la casa de Margot Kahl. «Era la polola del hijo de un amigo de ella», explica. En ese encuentro la animadora le dijo que tenía condiciones para la tele por cómo hablaba y las caras que ponía. Hace poco tuvo su oportunidad para encabezar «Caja de Pandora» de La Red, pero al final temió que le hicieran transgredir su «identidad personal» y prefirió seguir dedicándose a su profesión.
Aparte de tiktoker, Rosario Bravo es enfermera y por eso conoció a su marido cardiólogo, con el que comparte un hijo de 3. «Él era mi jefe y tiene 61 años. Yo 34. Nunca pesé que me iba a casar con alguien más viejo que mi mamá. Vivo con su hijo que tiene mi edad. Le puse el Fatiga porque es flojo y no se quiere ir», relata ella sin complicarse con las infidencias. Hace cinco años el matrimonio tiene una fundación para pacientes cardiovasculares, Corporación Ser, y Rosario trabaja allí.
¿A qué atribuye su éxito como tiktoker?
«Yo soy la antiinfluencer. No uso maquillaje ni filtros, no edito los videos, me repito la ropa, respondo todos los mensajes. Cuando las marcas se empezaron a interesar en mí no lo podía creer, no tenía idea que una mención tenía un precio».
¿Cómo definiría su contenido?
«Muestro la cotidianeidad. Hay gente que cree que es humor y que yo hago stand up, pero sólo cuento mi vida. Les gustó verme y estoy súper agradecida. Cuando me gritan en la calle no sé si son pacientes o seguidores… Yo no me encuentro ni simpática ni divertida, pero cuando hablo la gente se ríe».


