Parlamentaria del Maule sale de una operación para controlar el cáncer que padece
La congresista reconoce que los anticuchos, choripanes y empanadas no le producen la más mínima emoción.
La parlamentaria se somete por estos días a una dieta blanda. «Es un régimen de alimentación liviano, lo que significa que el pan con mantequilla, que adoro, no puedo comerlo. Estoy dedicada a la mermelada, por suerte también me gusta. De hecho, hago unas mermeladas muy ricas. Como sopas de verduras, papas cocidas, todas cosas que me gustan», reconoce.
Lo que puede sonar a una tortura en medio de los festejo dieciocheros, la congresista que representa a la Región del Maule no se aproblema con tantas restricciones. «La comida no es un tema para mí. Cuando veo en la televisión los preparativos para Fiestas Patrias y los festejos con empanadas, choripanes y anticuchos, no me producen la más mínima emoción. No me provocan sufrimiento», asevera.
El pasado lunes, la diputada oficialista tuvo control con el equipo médico que lleva su caso. «Vi al cirujano y al oncólogo Roberto Estay, al que le tengo la mayor confianza. Me sacaron los corchetes, porque ahora ya no ponen puntos. La semana que viene me van a dar el esquema de las nuevas quimioterapias. La recuperación ha sido compleja porque el tajo es grande, pero afortunadamente me he sentido bien», detalla.
¿ No ha podido ir a su distrito?
«Tenía dos actividades bien interesantes con organismos de derechos humanos en el Maule, pero no me sentí con mucha fuerza y no fui. Fui a La Moneda al acto de conmemoración de los cincuenta años del golpe de Estado y me cansé mucho. Pensé que si todavía no me dan el alta de la operación creo que era prudente no enfrentar el viaje a la zona porque en auto son como tres horas hasta mi casa, que está en Porvenir, en San Clemente cerca del límite con Talca».
Es una zona generalmente endieciochada.
«El Maule es una región endieciochada, pero muy familiar, con encuentros en las casas y en los clubes deportivos y de adultos mayores. Se reúnen entre personas que se conocen, no son las fondas del Parque O'Higgins. En las localidades se hacen fiestas, pero muy familiares. Se hacen carreras a la chilena, campeonatos de cueca, pero todo se da en un ambiente muy de comunidad, no hay mayores riesgos. Los peligros se dan más con el manejo en estado de ebriedad y el hilo curado para elevar volantines.
Mercedes Bulnes espera que durante los primeros días de octubre pueda viajar a su distrito. «Voy en cuanto me sienta capaz de soportar los 300 kilómetros», acota.
Más encima, su salud se sumó al estado de su vehículo, que desde junio está en un taller en reparaciones y bajo la cobertura del seguro. «Mal de muchos, consuelo de tantos. El auto que uso ahora es muy incómodo, espero que me entreguen el mío porque es más cómodo. En bus o en tren es complicado porque no tendría en qué moverme hacia o desde la casa, que está en el campo», refiere.
Como abogada y en reposo, ¿cómo ha visto el caso Audio y su efecto en los poderes del Estado?
«No me pilla por sorpresa. Algunos abogados que han salido a la palestra demuestran que más que abogados son operadores jurídicos. No me sorprende porque lo sabía desde hace mucho tiempo. Me parece brillante que esto salga a la luz porque no hay mejor manera de sanar las heridas y de reparar las cosas que haciendo luz sobre lo que está sucediendo».
La judicatura luce debilitada.
«Está muy debilitada, pero hay jueces extremadamente honrados. Yo digo siempre que la nata flota, entonces, lo que se nota es lo que no debe ser, mientras que lo que está abajo, la corrección, no aparece. Lo que es noticia es el tráfico de influencia. El caso Audio le abrió los ojos a mucha gente. Es positivo que se discuta a nivel nacional porque para las personas es relevante que los tribunales sean imparciales y no atiendan a intereses privados».


