Se querelló, porque perdió al amor de su vida en el tsunami

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Hugo Fuentealba llora a su esposa

Matrimonio estaba en los cerros de Dichato y volvieron a la casa cuando por la radio escucharon que la alerta estaba descartada.

Hugo Fuentealba recuerda la tenacidad de su esposa, Eliana Lema. Fue la insistencia de su mujer la que los llevó a Dichato, a pasar los últimos días de febrero, tras asistir al matrimonio de un sobrino en el sur.

«Yo no quería ir, le decía que quería irme. Al final el destino me dio la razón», decía Hugo ayer en Santiago, junto con sus hijos, Pablo y Rodrigo, pero sin la mujer que lo acompañó por 36 años.

En ese último viaje al sur, partieron al balneario donde ella, enfermera asistente del Hospital Militar, solía ir cuando niña. Hugo confiesa que pasaron buenos días paseando por Dichato, pero que él no desaprovechó ocasión de burlarse de los carteles que advertían sobre las vías de evacuación ante un posible tsunami. «Yo despotricaba contra la playa, por los carteles, porque en Dichato no tenían olas. Yo decía que con esos carteles alejaban a los turistas, pero el mar me tapó la boca», se dice así mismo, mientras camina a tribunales, a dejar una querella contra quienes resulten responsables de la muerte de su esposa.

La noche del 27 de febrero, la pareja terminó soportando el terremoto en el balneario junto con uno de sus hijos y sus cuñados. Tras el sismo atinaron a subir a los cerros y con una radio a pilas escucharon una emisora argentina. A eso de las cinco de la mañana, oyeron a la presidenta Michelle Bachelet informar que la Onemi y el Shoa descartaban la alarma de tsunami.

«Bajamos cinco para las siete de la mañana, porque esperamos que saliera el sol. Queríamos ir a buscar nuestras cosas para partir a Santiago. Cuando salí al patio, veo a mi señora tocando la bocina de la camioneta, desesperada. Venía la ola», describe el hombre de 58 años, que intentó afrontar la ola que superó su metro 76 de altura.

Hugo aguantó aferrado a un árbol. Su hijo y su cuñado también. Eliana y la hermana de ella, Nancy, no lo lograron. «Eliana era el amor de mi vida, tenía 18 años cuando la conocí. Todo es coincidencia. Mi padre falleció en el terremoto de Chillán. Pero esto es grave. Aquí había profesionales, el Estado les paga para cumplir una función, hay negligencia de las autoridades», reclama y recuerda las últimas palabras de su mujer. «¡Mi Dios, salva a mi hijo!». Su marido cuenta que «ella se entregó y se puso a rezar».

 -¿Tres años de cárcel?

Alfredo Morgado, abogado de la familia de Eliana, advirtió que «sería impresentable que la investigación de las muertes en el tsunami terminara sin responsables. Todas las autoridades tienen que prestar declaración». Dijo que la pena máxima por cuasidelito de homicidio es de tres años de cárcel. Ayer más víctimas anunciaron acciones judiciales.

-«Esto es grave. Hay negligencia de las autoridades»
Hugo Fuentealba

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