Pintor obsesivo desempolva sus trabajos más eróticos

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Llamativa exposición de Mark Greenwold en Nueva York

El autor, quien demora años en terminar cada obra, ofrece una exhibición de alto voltaje sexual.

Mire bien la imagen que ilustra esta crónica. Se trata de una pintura, titulada Bright promise , que exigió cuatro años de trabajo al artista estadounidense Mark Greenwold. Según confiesa el autor, necesitó un año entero sólo para colorear el cubrecama con pompones que se aprecia en la escena.

La tela, que mide 2,74 metros de ancho por 2,15 de alto, fue terminada en 1975 pero permaneció semioculta por más de tres décadas. Ahora, sin embargo, constituye una de las grandes atracciones de la muestra que el sexagenario y obsesivo pintor acaba de inaugurar en la la neoyorquina Galería DC Moore.

El montaje está compuesto por apenas seis obras en las que el expositor describe agitados encuentros eróticos que se consuman en atractivos escenarios domésticos. Se trata de cuadros realizados entre los años 1967 y 1975, periodo que todo el mundo asocia con liberación sexual y que Greenwold recuerda con sentimientos encontrados.

«No sé hasta qué punto abracé la cultura libertina de esa época. Yo solía ver estas pinturas casi como fábulas o cuentos morales, pero, claro, las pinturas siempre terminan pareciendo celebraciones del tema, especialmente si pasaste un año o más haciéndolas», reflexiona el artista.

La exposición, cuyo título es Secret storm , resulta significativa porque permite apreciar trabajos que hasta ahora habían estado, en su mayoría, vedados al público, pero también merece atención debido a que no se trata de un espectáculo frecuente: en los últimos treinta años, el estadounidense ha ofrecido apenas nueve muestras individuales.

Lo anterior, se entiende, es consecuencia directa de los interminables procedimientos creativos empleados por el autor, quien admite que algunas de sus hazañas de resistencia laboral están peligrosamente cerca de la locura.

«Esas primeras pinturas me llevaban una eternidad para terminarlas. Alguien se tomó el trabajo de contar el número de pompones de colores que hay en el cubrecama del cuadro Bright promise , y eran mil 200. Cuando ves la tela en vivo, cada maldita bola es como una cara distinta, lo que me parece bastante terrible», afirma.

El hombre también se hace cargo de la elevada carga sexual de sus obras, donde es posible encontrar a muchachos y jovencitas -todos retratados con lujo de detalles, como corresponde- que disfrutan el sexo tanto en pareja como en forma grupal.

«Algunos pueden pensar que me vi arrastrado por el tsunami sexual de los años setenta, y que mi trabajo era una celebración orgiástica de todo ello, y que desde entonces quedé sumido para siempre en una estela postcoital, y podría ser verdad, pero para mí esa lectura resulta demasiado simple», advierte.


Antes y ahora

Integrada por telas que datan de principios de los años 70, la actual exposición de Mark Greenwold contrasta con los cuadros que el hombre ha producido durante los últimos diez años.

Mientras las obras de la muestra neoyorquina son enormes, sus trabajos más recientes son pequeños y describen intrincadas escenas en las que él mismo, acompañado por sus hijos, ex novias y amigos, protagoniza perturbadores episodios de delirio y transformación sexual.

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