El periodista está casado hace 10 años con Francisca Sfeir
Desde que se conocieron se volvieron inseparables. Ahora se fueron de vacaciones juntos a Costa Rica. Es un verdadero lujo compartir con don Alfredo.
En su memoria está grabado cuando llegó a ese almuerzo familiar. Era la primera vez que se encontraría con su futuro suegro. Se encontró con un hombre imponente de casi dos metros, que vestía túnica, tenía un pelo y barba albos y su tono era muy ceremonioso. La sensación que todavía alberga Juan Pablo Queraltó de esa jornada que vivió hace 10 años es que «fue amor a primera vista con mi suegro, Alfredo Sfeir».
Para esa época, el animador de «Sabingo», de Chilevisión, pololeaba con Francisca Sfeir, su esposa cantante con quien ahora tiene dos hijos muy lindos. Luego se casaron y la relación con su suegro -economista, hombre espiritual, excandidato a la presidencia en 2013- se robusteció en cariño y experiencias. Tanto, que hace una semana se fueron de vacaciones todos a Costa Rica.
De ese viaje, Queraltó compartió varias fotos con su suegro en su cuenta de Instagram (@jpqueralto). Hay tomas que los retratan caminando por la playa de arena blanca, metidos en el mar, cariñosos y muertos de la risa. En la lectura el animador preguntó a sus seguidores: «¿Quién ha vacacionado con el suegro?».
Hábleme de la relación con su suegro, Juan Pablo.
«Él tiene un mundo espiritual tremendamente desarrollado, es monje budista, hace charlas por el mundo del budismo, entonces es muy potente estar con él. Es un hombre muy sabio. Podemos pasar horas y horas conversando. Cada vez que tengo un problema le pregunto a él y me ayuda a resolver muchas cosas para que mi instinto tome fuerza».
Usted estaba en «S.Q.P» cuando lo conoció, ¿tuvo temor de que existiera algún prejuicio?
«No tenía ese miedo. Traté de mostrarme como soy nomás. Yo creo que le doy alegría a don Alfredo. Lo sigo en ese humor distinto. Nos reímos harto. Esa primera vez que lo conocí se interesó mucho por mi trabajo en la tele, hasta el día de hoy que ve sagradamente Sabingo. Después me da consejos, me da datos, me pregunta. Lo que sí hubo una anécdota la primera vez que me invitó al campo».
Desclasifique esa anécdota.
«Fue en Ninhue (región de Ñuble), en el campo y se me ocurre ir bien pinteado con zapatillas blancas, muy limpias, camisa y cuando llego mi suegro estaba con botas y me dice que vayamos a buscar leña, a ver a las gallinas, a limpiar los caballos. Las zapatillas terminaron negras. Ahora voy todo terreno y nos vamos a caminar por los cerros, con los niños».
Ya son amigos.
«Sí, pero lo respeto mucho como mi suegro. A él le gusta llamar y para eso me tengo que dar 20 minutos porque no es sólo para saber cómo estamos, sino que le gusta conversar y yo me instalo a hablar. A veces la Fran me dice en la noche, no he sabido nada de mi papá, no me ha llamado y ahí le digo que yo sí, jajajá».


