Yáñez y Rozas hicieron más que cualquiera por restaurar la paz social en el momento en que más se necesitaba.
Es un error procesar a los exdirectores de Carabineros Yáñez y Rozas. Es injusto y es absurdo. Es la extensión de un relato político que nació con el estallido social y que si no fuese por el octubrismo hubiese muerto hace rato. Es el epítome de un ideario caótico y violento que insiste ciegamente en destruir a quienes día tras día comprometen sus vidas por el orden de la nación.
Yáñez y Rozas hicieron más que cualquiera por restaurar la paz social en el momento en que más se necesitaba.
Quizás algunos no recuerden los detalles, pero el estallido social fue todo menos la cumbre romántica que los revisionistas cuentan. Por el contrario, fue una serie de saqueos, robos, invasiones, incendios, tomas, y protestas violentas que terminaron paralizando y, eventualmente, descarrilando al país.
Esto es lo que Yáñez, Rozas trataron de evitar y por lo cual ahora los quieren meter presos. Es el mundo al revés. Es obvio que no son ellos el problema y que el problema, por el contrario, es la ideología que estorba e interrumpe la administración clara y rigurosa de la ley. Por lo mismo, es evidente que mientras el discurso octubrista siga vigente y vendiendo, nada en el país se resolverá.
Mientras la justicia persigue a los que quieren poner el orden, la violencia se consolida como parte de la cultura. Y mientras los políticos sacan sus trapitos al Sol, debatiendo detalles inútiles e irrelevantes para todos menos para ellos, el país se encamina a una cifra récord de asesinatos en un año. Es una desconexión total y absoluta entre las prioridades que se están atendiendo y las verdaderas necesidades del país.


