Se despidió de sus colaboradores llevando un letrero de taxi que decía Fuera de servicio
La ex mandataria logró hacer reir a sus cercanos . Terminaban dias agotadores e intensos.
Se despidió de sus colaboradores llevando un letrero de taxi que decía «Fuera de servicio»
La última humorada de Michelle Bachelet
la ex mandataria logró hacer reir a sus cercanos . Terminaban dias agotadores e intensos.
Luego de días de máxima tensión, la ex Presidenta Bachelet y todos sus colaboradores al fin podían respirar con un poco más de tranquilidad.
Era la una de la tarde del jueves y la saliente mandataria junto a sus equipos de trabajo, se reunían en el restaurant de la viña Indómita en Casablanca, luego del movido cambio de mando en el Congreso Nacional, para un íntimo almuerzo de despedida.
Ministros, subsecretarios, administrativos, algunos con sus esposas y la familia de la ex mandataria, en total casi 160 personas, se sentaron sin ninguna orden de protocolo junto a quienes quisieron. No había mesas reservadas, ni puestos asignados. El ambiente era de total distensión.
Desde que ocurrió el terremoto hasta ese momento, habían pasado 13 días en que Michelle Bachelet no pudo ver a varios de sus ministros porque estaba inmersa en la vertiginosa actividad que generó la catástrofe. En medio de la tragedia no hubo tiempo de juntarse, de modo que ésta era la mejor ocasión para saber cómo estaban y despedirse.
«Fuera de servicio»
Nadie sabe de dónde lo sacó o quién se lo entregó, pero todos los asistentes coinciden en que la anécdota más sabrosa de la ocasión fue cuando Bachelet se comenzó a pasear por el lugar con un clásico cartel de taxi que rezaba «Fuera de servicio», las risas fueron generales y todos entendieron que era un mensaje que ilustraba el agotamiento que sentía después de los últimos días.
Otros interpretaron el gesto como una manera de bajar la tensión de una jornada marcada por los fuertes movimientos de tierra durante la ceremonia del cambio de mando, algo que hizo revivir los momentos de pánico y la psicosis del terremoto del 27 de febrero.
Cuando todos los comensales se sentaron en las mesas, Edmundo Pérez Yoma, hasta hacía pocas horas ministro del Interior, pidió un brindis por la ex Presidenta y sus cuatro años de administración. Luego fue el turno de la propia Bachelet, que aunque habló sólo cerca de dos minutos, recomendó a sus partidarios hacer una oposición constructiva, eso sí, sin dejar de defender sus convicciones.
Sergio Bitar estaba en la misma mesa de Bachelet y recuerda que «no fue un momento de grandes discursos sino de muchos abrazos, de alegría, conversación, porque son sentimientos encontrados en un camino tan largo, la gente estaba toda emocionada. Era una mezcla de pena y de desafío».
La ex Presidenta aprovechó la última vez que tendría reunidos a sus más cercanos colaboradores y comenzó a repartir recuerdos entre su gente, a modo de agradecimiento. Se trataba de un set con una medallita del Bicentenario, un lápiz y un pendrive en un llavero.
Pese a que se sabía que la despedida sería muy emotiva y de mucha camaradería, se solicitó expresamente que no hubiera música, bailes, cantantes, ni ninguna presentación especial, ni siquiera el guitarreo, que tanto gusta a la ex Presidenta.
Sin embargo, esto no impidió que espontáneamente en algunas mesas se improvisara un cántico que según uno de los presentes, decía más o menos así: «Somos la oposición, haremos una gran oposición constructiva, esta es la nueva oposición, y volveremos».
En otra mesa, cantaron el himno del Partido Socialista, mientras que más de alguna derramó alguna lágrima.
«La Presidenta fue de más a mejor», comentó al entrar al evento el senador Ricardo Lagos Weber, sobre la era que se estaba cerrando y en la que participó como vocero de Gobierno.
Como una gran escritora
Transcurría la reunión cuando de repente comenzó a verse una larga fila que comenzaba con la ex jefa de estado firmando y se extendía con ministros, subsecretarios y los demás presentes, foto en mano, esperando su turno para tener una dedicatoria especial, como si fuera una afamada escritora de bestsellers.
«Todo el mundo la rodeaba para sacarse fotos con ella, y Michelle demostró una tremenda resistencia física, para todas las cosas. Tiene mucha energía», se sorprende Sergio Bitar.
Incluso varios de los ministros y funcionarios no tenían su imagen a la mano, pero de alguna manera se consiguieron la foto oficial que colgaba de todas las reparticiones públicas y que luego vimos en televisión siendo descolgada por los nuevos funcionarios en sus despachos.
Pero los que trabajaron cerca de ella no fueron los únicos que obtuvieron una foto, también posó junto a los que trabajaban en la viña. «Es una personas extremadamente agradable, muy sencilla», comentaban.
Uno de los maitres del lugar, acostumbrado a que a veces los clientes los tratan con cierta prepotencia, comentaba que le llamó la atención la amabilidad de los presentes y la buena onda.
«En general es gente que se portó sumamente correcta, en un ánimo de celebración, de júbilo, ellos comentaban que celebraban que la Presidenta haya terminado con una popularidad tan alta y en una situación tan adversa».
Muy reservado, el ex ministro René Cortázar, uno de los que tuvo que tomar el timón del Transantiago en el momento más complicado de la crisis, sólo se limitó a decir del encuentro que «el almuerzo fue sencillo, cálido, emotivo, como es la Presidenta. Cualquier persona se siente cómoda y acogida en ese ambiente».
«Estos días han sido de una fuerza física y emocional muy grande, con el terremoto encima», observa Bitar. Desde el viernes, varios de los ex ministros ya estaban dedicados a descansar de tanta emoción junta.
Recuadro :
-«Todo el mundo la rodeaba para sacarse fotos con ella, y Michelle demostrando una tremenda resistencia física. Tiene mucha energía», observa Sergio Bitar.
-Los menús para escoger
L os invitados al Indómita, en Casablanca, tenían dos menús para elegir, preparados por el chef Oscar Tapia.
De entrada había ensalada de mezcla de tomates cherry con hojas verdes, tomates secos y jamón serrano y como segunda opción, carpaccio de filete con reducción de chardonnay.
Los platos de fondos eran filete de vacuno madurado, pasteles de choclo y reducción de oporto, o congrio con duxelle de champiñones y guiso de porotos pallares. «Esto fue lo que comió la Presidenta», confidenció el chef.
En materia de vinos, disfrutaron de tintos de la casa: chardonnay reserva y cabernet sauvignon reserva.
-Políticos escapando del terremoto y el tsunami
M ientras se desarrollaba el almuerzo de camaradería en el restaurant Viña Indómita, en otro concurrido lugar, el Agua de Piedra, de Curacaví, otro grupo, esta vez improvisado de parlamentarios, ministros y otras figuras públicas, se relajaba de las tensiones telúricas en pleno cambio de mando.
En Casablanca, los invitados se tomaban fotos con Michelle Bachelet, en tanto que en Curacaví, varios comensales hacían lo propio con el cantante Américo, que causó revuelo cuando llegó al local.
«Estuvo simpático, se sacó fotos con un montón de gente. Como andaba con mi hija, nos sacamos una, pero no tanto por mi. Es muy amable», aprecia Cristián Monckeberg.
Mezclados en las mesas se encontraban los senadores Sergio Romero, Adolfo Zaldívar, los diputados Carlos Montes, el mismo Monckeberg, Alberto Cardemil, el alcalde de Las Condes, Francisco de la Maza, el ministro Felipe Morandé, la periodista Fernanda Otero, el arquitecto Christian de Groote, Alberto Cardemil, entre varios clientes más que sumaban una veintena, según testigos del encuentro.
El diputado RN explica que «después del cambio de mando, apretaron todos para cualquier lado. Nadie estaba con ganas de sentarse a almorzar en Valparaíso o Viña y terminamos en Agua de Piedra».
A medida que llegaban y se iban saludando, aprovechaban de desahogarse contando el susto que vivieron en el edificio del Congreso, en pleno cambio de mando, y otros pormenores de la accidentada ceremonia antes, durante y después.
«Lo que pasa es que muchos íbamos a almorzar en Valparaíso, pero con el anuncio de tsunami, partimos todos y ahí fuimos llegando la mayoría, lejos del mar, a donde no llegaran las olas. Fue un espacio de reunión accidental», relata Guido Girardi.
Luego de conversar un rato entre los grupos de distintas mesas, cada uno se fue a su puesto.
En este almuerzo predominó la comida chilena: pastel de choclo, arrollados, cazuelas, carne a la plancha, lomos asados, como el que degustó el alcalde De la Maza.
«Había mucha distención. La Fernanda incluso se llevó el postre en el auto, era un melón partido por la mitad. Eso habla bien de ella», confidencia Girardi.
Finalizado el rato de relajo, pasadas las 4 de la tarde, los últimos volaron para Santiago. «Teníamos cosas que hacer», finaliza Monckeberg.


