Estos son los errores clave de la madrugada del cataclismo
El valor y el instinto de supervivencia primaron sobre una seguidilla de descoordinaciones tras el terremoto.
Una bengala debía iluminar el cielo en cada ciudad, puerto, caleta o pueblo por el que pasaría el tsunami. Así lo estipula el manual de procedimientos de la Onemi, pero como todo el mundo sabe, cuando el mar azotó la costa centro sur de Chile a las 3:34 horas del 27 de febrero, casi nadie se enteró a tiempo para correr o treparse a un árbol.
Fueron horas de enredos que hoy nadie entiende y minutos preciosos en los que se desvaneció la sensatez de avisar un peligro inminente. No hay cifras de cuántos murieron a causa del tsunami, aunque se calcula en 180 las personas desaparecidas. Los fallecidos totales por el terremoto llegan hoy a 497, muchos de los cuales aparecieron bajo el fango tras el paso abrumador de las olas gigantes.
A las 03:34 horas se produjo el terremoto de 8,8 grados Richter, con epicentro a 90 kilómetros al noroeste de Concepción, en la región del Biobío. La versión de la Armada estableció que a las 03:51 un funcionario del Servicio Hidrográfico (Shoa), desde Valparaíso, dio una alerta radial de tsunami a la Onemi.
El oficial de guardia del Shoa, teniente Mario Andina, envió el polémico fax a la Onemi a las 04:07 alertando del maremoto. Decía así: «Fue de magnitud suficiente para generar un tsunami. Se desconoce aún si se ha producido. Si se diera la posibilidad de ocurrencia».
El fax daba como hora estimada de arribo del maremoto a Talcahuano las 03:45 horas. Es decir, 22 minutos antes de que llegara el documento oficial.
Un radioaficionado de Valparaíso, Pedro Montiel, grabó a las 04:13 horas una comunicación del Shoa hacia la Onemi, en la que un funcionario de la Armada decía: «Los instrumentos muestran que el nivel del mar se mantiene y no existiría un recogimiento del mar. No existiría». La Armada admitió que a las 04:56 horas, vía radial, canceló la alerta.
«Nosotros nos enteramos del tsunami porque llamó un carabinero de Juan Fernández pasadas las cinco de la madrugada y ahí intentamos contactos y enviamos un avión a la isla. Para avisar no hay más sistema que operar las sirenas de Bomberos», mencionó ayer Guillermo de la Maza, director Oremi de Valparaíso.
Su colega en El Maule, el doctor José Miguel Henríquez, asumió el cargo el mismo 27. «No me he ocupado de qué fue lo que pasó. Mi prioridad es la contingencia», dijo.
En un relato comprimido de los enredos aparece otro fax, enviado a las 08:56 horas desde el Shoa a la Onemi, que precisa: «Se han producido variaciones en el nivel del mar con valores de altura entre 0.30 centímetros y hasta tres metros sobre el nivel del mar».
Más allá de los enredos y pese a que el protocolo obliga a evacuar áreas costeras cuando se produce un terremoto sobre 7,5 grados, la gente que vive en la costa huyó de la muerte a puro instinto y sentido común. Así pasó en Juan Fernández, donde una niña salió a tocar el gong. Así sucedió en Iloca, donde un carabinero, por las suyas, arreó a la gente a los cerros con un megáfono. Y en Dichato, donde un bombero agarró su camión y se llevó cuanta gente pudo al cerro. Después de la tragedia, el dueño de un local despotricaba en TV contra el intendente, porque él habría dicho en la radio que no había riesgo de maremoto y que había que volver a la playa. Luego llegaron las olas.
-«Llamé infinitas veces»
«Llamé infinitas veces (al Shoa) preguntando si había riesgo de tsunami», dijo la Presidenta Michelle Bachelet a Radio Cooperativa. Aunque no estaba en el protocolo, ella consultó en persona. Los informes, reconoció después el comandante en jefe de la institución, almirante Edmundo González, fueron «poco claros». A las 05:40 la mandataria habló a los medios y descartó el maremoto. «Oleaje sí, pero tsunami no», recalcó.
-La Onemi y el Shoa se tiran la pelota
«No había ningún sistema que permitiera alertar a las personas con el tiempo que se disponía para que escaparan», reconoció ante las críticas Carmen Fernández. Eso sí, la directora de la Onemi no ha perdido oportunidad de lanzarle palos al SHOA: «¿En cuánto tiempo se puede producir un tsunami local? Minutos. La primera información nos llegó a las 04:07 horas. ¿A qué hora fue el sismo? Es todo lo que les puedo decir».
-30.000 personas huyeron en Concepción y Talcahuano por un falso aviso de tsunami el 16 de enero del 2005. El caos provocó dos muertos.
-Las tres alarmas que nunca llegaron
En la página 10 del documento del plan Accemar de la Onemi, que enumera los pasos a seguir en caso de tsunami, se detallan tres señales específicas para alertar a la población que tiene que alejarse de la costa. Textual, dice:
. Disparo de bengalas con soporte de paracaídas. La bengala es la alarma que, además, ilumina el lugar.
. Avisos con megáfonos móviles a cargo de personal municipal y/o de organismos de respuesta.
. Sirenas con ruido distintivo solo para este efecto.
-La hora en que llegó la primera ola, ciudad por ciudad
03:52 Talcahuano: se reporta solo 12 minutos después del terremoto.
03:54 Constitución: La desembocadura del río Maule formó un embudo mortal.
03:56 Curanipe: El sector de las caletas fue arrasado.
04:05 Pichilemu: La gente arranca al Cerro de la Cruz.
04:00 Dichato: Según los sobrevivientes, fueron cinco olas.
04:48 Llolleo: el punto más al norte del epicentro al que llega el tsunami.
-Carabinero dio aviso real: «No encuentro a mi compañero»
Un carabinero del retén de la isla Juan Fernández fue quien logró comunicarse con Carabineros de Valparaíso a las 05:15 horas del sábado. El funcionario logró tener el temple suficiente para comunicar: «Aquí hay agua. No encuentro a mi compañero, se me perdió mi compañero». Esa fue la primera señal concreta de que las olas estaban actuando sobre islas y costas chilenas.
-Volcó bote: un muerto
Tragedia persigue a director de Oremi
El director de la Oremi en la Séptima Región, Julio Castiglione, que está de vacaciones, vive su propio drama post terremoto. Él iba a bordo de una lancha junto a su familia y otros turistas en Río Puelo, en la Región de Los Lagos. Un tronco golpeó la pequeña embarcación volcándola. El joven Ignacio Pizarro, de 21 años, cayó al agua y está desaparecido. El Gope lo busca.
-En el manual está clarito
En la página 9 del manual Accemar de la Onemi, se destaca que debido al escaso tiempo de reacción que existe frente a un maremoto, «deberá bastar la ocurrencia de un sismo local de gran intensidad (que en otro punto define sobre 7,5 grados Richter), que impida a las personas mantenerse de pie, que haga caer muros, derrumbe torres y logre desplazar algunas casas de madera, para declarar la alerta roja, que de manera natural deberá activar el sistema de protección civil y a la comunidad aplicar el plan de emergencia en su fase de evacuación hacia zonas seguras». Todo lo primero pasó el 27 de febrero pasado.
-Tres llamados al Shoa
No pescaron la alerta de Hawai
El Centro de Alertas de Tsunamis del Pacífico, en Hawai, Estados Unidos, se dio cuenta del terremoto chileno a las 03:45 horas (tiempo nacional). De inmediato lanzaron la alerta mundial. Diez minutos más tarde el geofísico Víctor Sardiña llamó al Shoa con el mensaje: «Tenemos alerta de tsunami». Tres veces llamó a Chile el experto norteamericano, insistiendo en la validez de los datos.
Un segundo boletín estadounidense estableció: «Las lecturas del nivel del mar indican que se generó un maremoto. Pudo haber sido destructivo en las costas cercanas al epicentro».
-Armada admitió falla en equipo
Los detectores que no captaron el tsunami
El documento «Instrucciones Oceanográficas N° 3», del Shoa, explica el sistema para detectar los maremotos. Consta de un sensor de presión, instalado en el fondo marino, a cinco mil metros de profundidad frente a Pisagua, que detecta posibles oscilaciones y envía señales a una boya, que a su vez las retransmite por satélite al organismo. Además, hay una serie de sensores sísmicos instalados en el cerro El Roble, Quinta Región, y una red de estaciones repartidas por la costa. El 27 de febrero, en Juan Fernández se informó un alza del agua de 18 centímetros cuando en realidad se trataba de varios metros. La Armada reconoció fallas en los sistemas de comunicación con la isla.


