Tres niños estaban jugando en la playa y se fueron mar adentro en Chiloé: Habían perdido la esperanza
Erasmo, de 10 años, andaba con una polera manga corta. Su hermana Danitza, de 12 años, lo abrazó en todo momento para protegerlo del frío.
Danitza Velásquez tiene 12 años y ayer en la mañana estaba rendida ante la desgracia.
Había pasado 20 horas abrazando a Erasmo, su hermano de 10 años, arriba de una balsa de plumavit en la que con suerte cabían acurrucados. Sobre la espuma plástica había una tabla de madera enredada a una feble malla negra. Y junto a Danitza también estaba José Luis Velásquez, de 14 años, el mayor de los tres hermanos.
El domingo los niños estaban jugando en la playa de la isla Aulín, en Chiloé. El juguete no era una pelota, sino la sencilla y artesanal embarcación. En ese lugar, los papás se despidieron de sus pequeños y se fueron a la celebración de la festividad de Jesús Nazareno, en la isla Caguach. Eso fue a las tres y media de la tarde.
Casi cuatro horas después, a las siete, ni los abuelos de los niños ni los vecinos de Aulín supieron explicarles a los padres por qué los hermanitos ya no estaban en la orilla. Tampoco estaba la balsa y tampoco había rastros de que hubieran regresado a tierra. Entonces dieron la alarma a la Gobernación Marítima, que comenzó a rastrear por aire y tierra el mar chilote, aunque avistar a flote el pedazo de plumavit, de 2,5 por 1,5 metros, era como hallar una hormiga en la arena.
Había que añadir algunos detalles: los niños perdieron el único remo que tenían, se fueron mar adentro en el peligroso Golfo de Ancud, el viento era de 12 a 15 nudos (22 a 28 kms. por hora) y la marea podía haberlos llevado lejos de cualquiera de los islotes del archipiélago Butachauques, el sector de la desaparición. Es decir, hallar la balsa de plumavit sin naufragar era tanto o más difícil que la odisea de la búsqueda y también lo más parecido a un milagro.
Por eso cuando ayer los funcionarios de la Armada que divisaron la embarcación desde un bote zodiac y notaron que los tres niños a bordo se movían, llegaron a temblar de emoción. Eran las 10.52 horas y estaban frente a la península de Guapilinao, a 50 kilómetros de la playa donde habían estado jugando.
En ese momento se detuvo la búsqueda. Pescadores en sus botes artesanales, patrulleras de la Armada, un helicóptero y hasta los yates de la Regata Islas de Chiloé 2010, estaban rastreando el trozo de plumavit.
El rescate fue con llanto. «Los niños casi no hablaban. Sólo demostraron su felicidad esbozando una leve sonrisa. Ellos habían perdido la esperanza», detalló el capitán de puerto de Quemchi, suboficial Alex González.
Hasta esa localidad fueron llevados los hermanos para un chequeo médico. «Cuando los rescataron, el más chico venía recostado sobre la balsa. Vestía solo una polera de manga corta y se veía muy débil. Su hermana lo tuvo abrazado toda la noche para protegerlo del frío», confirmó el suboficial, quien sabe que las balsas artesanales son un juguete típico que usan los niños de la zona para navegar riachuelos y estuarios. Por lo mismo, asegura, «cuando encontramos estas balsas, las destruimos, porque no son aptas para navegar. Fue un milagro que estos niños se hayan salvado».
José Luis, Danitza y Erasmo llegaron ayer en la tarde al Hospital de Castro con síntomas de hipotermia. «El pequeño es el que estaba más asustado. La niña me contó que estuvo toda la noche despierta, esperando que pasara algún barco para ayudarlos», explicó Arlette Lindenfeld, médico de urgencias de ese recinto médico. El papá de los pequeños, Luis Velásquez, comentó en ese lugar que pensó lo peor, «pero rezamos mucho para que los niños estuvieran vivos».
-20 horas pasaron a la deriva los tres hermanos.»La niña estuvo toda la noche despierta esperando que un barco pasara», relató la doctora que los atendió.
Gran salvada en bote inflable
El 10 de enero del 2008, Marcelo Díaz, sin saber nadar, se subió a un bote inflable en Laguna Verde. Perdió los remos y cayó al agua una decena de veces por las ráfagas de viento, que pasaban los 40 nudos, y por las olas de más de tres metros. Tras 16 horas a la deriva, llegó hasta un islote frente a Horcón, donde pescadores lo rescataron ileso.


