La clínica tembló, la anestesista huyó y aún así nació Vicente

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Paulina dio a luz a las 3:31 del sábado pasado, en pleno terremoto

A Vicente hoy lo conocen como Terremotín, pese a que es más tranquilo que una foto. Su apodo proviene de una historia que podrán contarle algún día sus padres, Paulina Cerda y Miguel Camus, y que parte a las 3:31 de la madrugada del pasado 27 de febrero. Antes de que cumpliera tres minutos de vida, a la Clínica Indisa y a medio Chile llegó el cataclismo más estremecedor del último medio siglo.

«Me lo pusieron en el pecho unos segundos, se lo llevaron para revisarlo y empezó a moverse todo», relata Paulina, la dueña de casa de 26 años, de la comuna de San Miguel, que esa madrugada aprendió lo que era la valentía y el coraje. Vicente es su primer hijo, pesó tres kilos 560 gramos y midió 48,5 centímetros. «Yo veía que todo se movía, pensé que me podía caer algo encima, pero estaba más preocupada de que le podía pasar algo a mi hijo», recuerda ella. Entonces, ni siquiera la habían alcanzado a suturar. El médico, a oscuras, con gasa contuvo la hemorragia, mientras se desataba el sismo y se fraguaba el tsunami cientos de kilómetros al sur.

«En la posición que estaba en la camilla, no alcanzaba a ver a Vicente. La matrona me tranquilizaba, pero yo sólo le preguntaba por él, porque no me dan miedo los temblores», asegura. Afortunadamente, Miguel Camus, el papá de Terremotín, también estaba en la sala de parto. «Estaba al lado del bebé, mientras lo examinaban en un mesa. Cuando vi que todo empezó a moverse y no paraba, me puse encima, abrazándolo, para que no le cayera algo encima», explica.

En la sala de la clínica el sacudón no causó mayores daños. «Estuvimos un rato sin luz. Escuchaba cómo todo crujía y las enfermeras gritaban. A la anestesista le dio un ataque de pánico y salió arrancando», detalla Paulina mientras sostiene al pequeño en los brazos. «Menos mal que mi doctor y la matrona se quedaron conmigo», agradece.

Vicente ni se inmutó con el terremoto. Recuerda la mamá que «no lloró mientras estaba temblando. Yo creo que no se dio cuenta». Luego todo se calmó, y tras el chequeo médico que confirmó que madre e hijo estaban en buenas condiciones, a ella la dejaron en la sala de parto hasta que se arreglaran los ascensores. «Cuando abrieron la puerta para llevarse a mi hijo a otra sala, vi que estaba lleno de polvo y había escombros», cuenta Miguel.

Otra historia vivieron los abuelos de Vicente, que estaban en la sala de espera. «Comenzó a derrumbarse el techo y la mamá de Paulina gritaba por ella. Pensé lo peor», relata Cipriano Camus, el abuelo de la guagua. «Bajamos para refugiarnos, sin tener idea de qué había pasado con mi nieto. Y una de las enfermeras que también arrancó, nos dijo que todo había salido bien», explica.

Paulina y su hijo se hicieron famosos en la clínica. «Cuando venían las enfermeras y veían la ficha donde aparecía la hora de su nacimiento decían ¡qué terrible! ¿Cómo lo hiciste?». Los amigos también le tiran tallas con la insólita fecha del nacimiento. «Me dicen: el día que elegiste para tener un hijo o bromean con que pujé muy fuerte y por eso tembló», se ríe.

Más tranquila, cuando pudo ver las noticias, recién dimensionó la violencia del terremoto. «Aunque yo sentí que había durado mucho rato, nunca creí que había sido tan fuerte», dice Paulina. «Me da mucha pena lo que esta pasando, pero al menos tengo esta razón para estar feliz», prosigue. Vicente, sin hacerle honor a su apodo, ya está en su casa y se la pasa durmiendo en brazos de su mamá.

 

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