El camino para superar la adicción a la comida chatarra

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No basta con acudir a un experto en nutrición, también se requiere de terapia sicológica

Estudio confirmó que este tipo de productos generan una dependencia similar al tabaco y la cocaína.

Después de conocer el estudio realizado por investigadores del Scripps Research Institude de Florida, Estados Unidos, las especulaciones sobre la adicción que puede generar la comida chatarra se confirmaron, al menos en las ratas. Según la investigación, el «exceso de consumo de comida basura puede provocar respuestas adictivas en el cerebro», muy similares a lo que generan el tabaco y la cocaína.

El descenso en los niveles del receptor de dopamina -un neurotransmisor cerebral- en las ratas adictas a la comida chatarra también se da en humanos adictos a las drogas, lo que explicaría que ciertos ingredientes de esta clase de alimentos generen dependencia.

La nutrióloga Karin Papapietro, del Hospital de la Universidad de Chile, advierte que efectivamente «hay componentes de la comida chatarra que generan cierta dependencia sicológica en las personas, hacen que el humano sienta necesidad de comerlos sin tener hambre. Estos componentes son los azúcares simples y los lípidos».

Rehabilitación
La terapia para superar esta dependencia a la grasa y el azúcar requiere de un trabajo multidisciplinario. «Nutricionalmente se aplica un tratamiento basado en el cambio de dieta, es algo progresivo para que la persona deje gradualmente la comida dañina, pero hay que tener presente que por la ansiedad que se produce, el grado de fracaso es alto», dice Papapietro, que confirma que es necesario complementar el tratamiento con una terapia sicológica.

En este aspecto, el problema está en plena discusión. «Esto aún no se oficializa como diagnóstico, pero por los síntomas se puede hablar de adicción», explica Fernando Urra, sicólogo y profesor de la Universidad Central.

«Lo primero que se hace en estos casos es que las personas registren lo que comen a diario. Con esto se dan cuenta de que existe la adicción. La siguiente etapa es reducir el consumo nocivo. Por ejemplo, el día lunes se le pide que no coma chatarra, aunque el martes pueda hacerlo. Así se modifica la conducta hasta que se elimina la chatarra. Hay que tener ojo en todo el proceso por los cambios bioquímicos que se pueden producir y por la aparición de otras alteraciones como la bulimia, donde habría que utilizar fármacos», detalla Urra.

El estudio

Ratas comían a pesar de las descargas

El estudio de los investigadores del Scripps Research Institute utilizó ratas que terminaron convertidas en comedoras compulsivas de tocino, hamburguesas, papas fritas, etc. Estos animales adquirieron un patrón de adicción que debilita la capacidad de circuitos cerebrales responsables del recuerdo de experiencias positivas: ya no les era grato comer, sólo lo hacían de forma autómata, sin sentir satisfacción.

Los ratones llegaron a tal nivel de adicción que rechazaban la comida sana que se les ofrecía y eran capaces de engullir aún soportando descargas eléctricas cuando se intentó limitar su consumo de comida altamente calórica.

«Hay componentes que generan cierta dependencia sicológica». Karin Papapietro,nutrióloga

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