«Los chilenos podemos convertir todo en un sánguche»

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Juana Muzard y Pilar Hurtado, autoras de libro El Sánguche

Seguramente al conde inglés John Montagu, , a quien se le asigna la creación del sándwich, le hubiese sido imposible comerse las torres de ingredientes entre una torreja de pan y otra, como a la usanza de estos tiempos.

Corría el Siglo XVII y él era la máxima autoridad de la Islas Sandwich, de ahí el nombre, y un empedernido jugador. Tan empedernido, que nunca quería parar una partida de cartas, ni para alimentarse. Una carne entre dos panes le ocuparon una sola mano y fue la solución. Lo que vino después es que este alimento de origen de alta alcurnia definitivamente se popularizó.

¿Qué ha pasado en Chile? Eso trata de develar el libro «El Sánguche», con historia, las mejores recetas de clásicos urbanos, como nuestros barros jarpa o barros luco, algunos arquetipos regionales y una inspiración de los autores de la obra: los chefs y hermanos Juana y José Muzard, que con la periodista Pilar Hurtado armaron una mixtura de recetas con historia gastronómica, algo parecido a lo que hicieron en el libro «200 años de la cocina en Chile».

«Pero este es un trabajo más democrático, porque el sánguche es muy transversal, abarca todas las clases sociales y es muy consumido», dijo Juana Muzard.

Claro que no lograron llegar a una cifra de consumo, como la que dice que somos los segundos en comer pan en el mundo, con 96 kilos, después de los alemanes. «El INE no tiene al sándwich considerado en su canasta, pero te puedo decir que en un solo Dominó se venden mil salchichas al día», contó Hurtado.

Tampoco fue fácil determinar cuántos tipos de sándwiches se comen en Chile porque «se están inventando a cada rato. De un sándwich se pueden sacar 10 versiones. Hay muchos sanguchés de lengua o muchos de lomo. Y perfectamente alguien si echa unos porotos adentro del pan se está comiendo un sánguche de porotos. Los chilenos podemos convertir todo en sándwich».

La historia es que en Chile, a fines del Siglo XIX, se empieza a usar el emparedado en los viajes en tren y luego se masificó en las calles, como el sánguche de potito que nació cuando se estaba construyendo el Estadio Nacional y se ofrecía para saciar el hambre de los trabajadores. «Es de potito porque la carne se sacaba del recto de la vaca, pero los que venden ahora son más bien de guatita», contó Hurtado.

Y a los clásicos se unen otros más inéditos, como el escopeta, que es un pan de completo con dos salchichas; el sopaipleto, que son los ingredientes del completo dentro de dos sopaipillas y el papapleto, que en vez de tener carne tiene una ensalada de papas mayo.

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