Fetos deformes se despiden del mundo en colorida muestra de fotos

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Exposición de Zaida González en la Escuela de Comunicaciones Alpes

La autora creó escenas en las que familiares ficticios velan cuerpos de nonatos que datan de la década de 1920. El conjunto se titula Recuérdame al morir con mi último latido

Han pasado casi cuatro años desde que Zaida González puso a prueba la sensibilidad de sus espectadores con la muestra Conservatorio celestial , montaje en el que retrató a fetos deformes en coloridos ambientes infantiles.Ahora, la artista-fotógrafa presenta una serie de imágenes en la que esos vetustos nonatos (los cuerpos datan de la década de 1920) aparecen acompañados por padres ficticios que, supuestamente, posan junto a ellos para una última y emotiva foto de familia.

El conjunto, que será inaugurado pasado mañana en la Escuela de Comunicaciones Alpes (República 430), incluye estampas en las que los pequeños difuntos son velados por gente como una robusta mujer gótica que es acechada por un esqueleto amarillo y una pareja formada por una rubia y un sujeto armado con un rifle.

«Con este trabajo busco rescatar el retrato mortuorio, antigua tradición latinoamericana y europea donde los mortinatos, o bebés muertos al nacer, eran retratados con sus familiares en escenas recreadas. Antiguamente, la muerte de un pequeño era una bendición: la familia quedaba protegida, porque el alma del infante pasaba a ser un ‘angelito' que los cuidaría para siempre», explica la autora.

«En este proyecto, en cambio, se alude al retrato mortuorio pero representándolo en un contexto actual: el de una sociedad consumista, individualista y contaminada, donde los bebés no son ‘ángeles hermosos', sino bebés abandonados y deformes, cuyas familias dejan al descubierto nuestra pobre realidad moral», agrega la mujer.

González, quien se hizo conocida por una serie de composiciones en las que mezclaba elementos como perversión sexual, imaginario infantil e iconografía religiosa, suele captar sus instantáneas en blanco y negro para luego colorearlas a mano. Ese fue, precisamente, el procedimiento empleado en su nueva exposición, que por cierto se titula Recuérdame al morir con mi último latido .

«Todo fue coloreado a mano, sin intervención digital, pero igual hubo una innovación, porque esta vez, además de lápices, usé una mezcla de pinturas, como acrílico, oleo y brillantinas, además de acuarela», informa la artista.

-¿Cómo determinaste la forma en que harías las tomas y los elementos que incluirías en cada una?

-Cuando investigué sobre los retratos de bebés muertos que se hacían antiguamente, noté que las puestas en escena no variaban mucho, así que contextualicé todo a través de imágenes religiosas. La foto donde sale la rubia con el hombre del rifle, por ejemplo, es mi visión para la representación actual del pesebre, donde el hombre es José, el bebé el niño Dios y la mujer María, pero visto desde un punto de vista actual, donde el consumismo y la violencia están presentes, ya que así es como se muestra el mundo en estos días.

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