El volante de la Roja abre su corazón en el programa Guerreros de TVN
La pareja del futbolista cuenta que después de un viaje a España volvió embarazada de Antonia Paz.
Antonia juguetea inocente en el malecón de Lisboa mientras sus padres se turnan para contar detalles de su vida juntos. Alejandra, obvio, es la que más habla; a su lado, un Matías Fernández que lucha contra esa timidez que le sacó lágrimas cuando se vino de La Calera a una pensión en Santiago a las inferiores de Colo Colo, y que ha hecho doblemente compleja su adaptación a Europa, tira una talla mientras la pequeña se le encarama por las piernas. Sí, Matías, nuestro Mati o Matigol si recordamos sus mejores momentos, se esfuerza por mantener la sonrisa mientras lidia con la cámara y su hija al mismo tiempo.
Espontáneo como nunca antes se lo ha visto, el volante se decidió a mostrar su intimidad más profunda: su casa en la capital portuguesa, su mujer, su hija, su nana y hasta al padrino de la cría. Y a dúo con Alejandra cuenta en el programa «Guerreros» que se emite esta noche en TVN, los detalles más secretos de su historia de amor.
«Nos conocimos porque un amigo salía con la mejor amiga de Alejandra. Después me empezó a perseguir», bromea Matías. Pero ante el repudio y la miradita que le pega Alejandra, aclara sobre la marcha que «yo la empecé a llamar». Así partió el pololeo.
«Yo estaba estudiando medicina y él jugaba en España. Lo fui a ver para unas vacaciones y volví de esas vacaciones con un regalito, la Antonia», detalla la Matigirl. Y no fue un embarazo fácil, agrega: «A las ocho semanas tuve síntomas de pérdida. Entonces el doctor me dijo que debía hacer reposo, dejé de estudiar y me volví a Viña».
El 23 de octubre de 2008 nació Antonia Paz y la pareja se instaló en Europa: «Se vinieron a vivir conmigo, primero a España y luego a Portugal». Según la evaluación de su mujer, Fernández las hace todas: «Es un muy buen papá. Ya estoy adaptada y entiendo su ritmo de vida como futbolista. Y me enorgullece su perseverancia; no se rinde jamás. Es un buen jugador, bueno como pareja y buen papá. No puede ser mejor».
En eso Antonia se sube otra vez sobre Matías. «Es un terremotito. Todo el día es así, inquieta», sonríe el papá. Y con Alejandra están de acuerdo en que los genes revoltosos son los maternos: «Yo era bien inquieta cuando chica», reconoce ella; «yo era más tranquilito», argumenta él; «pero te lo comías todo», cierra la muchacha. Como prueba hay una foto del calerano cuando chico. Sí, era redondo.
De pronto Alejandra siente que ha hablado mucho y le tira un centro a Matigol: «¿Cómo han sido estos dos años que llevamos juntos?». Uf. Parece jaque mate. Pero el seleccionado nacional hace lo que mejor sabe y sale jugando: «Antes estaba acostumbrado a estar solo. Era desordenado, flojo. En pareja uno se da cuenta que debe ayudar. Alejandra es la mujer de mi vida y quiero que siga a mi lado, así que debo cuidarla».
Y la lolita sonríe y le devuelve la promesa: «Lo amo, espero estar con él para siempre». Aunque hay algo que nunca deja de darle vueltas: «Matías se porta muy bien, pero siempre hay mujeres revoloteando. Tengo que estar atenta».
Es un buen jugador, bueno como pareja y buen papá. No puede ser mejor
Alejandra Santibáñez, novia de Matías Fernández


