Empresa quiere dejar atrás los malos ratos con nuevos locales
Miguel Gaio debe mejorar la comunicación con el cliente.
Llegó hace ocho meses a hacerce cargo de un desafío mayor: exterminar cualquier cuestionamiento a la marca Piccola Italia y que los comenzales vuelvan en masa a sus restaurantes. Y siente que lo está logrando.
«Hoy tenemos 150 mil visitas mensuales y esperamos que esa cifra siga subiendo con los nuevos locales», dice Miguel Gaio, gerente de marketing de La Piccola Italia y que llegó en septiembre del año pasado «para hacerse cargo del plan de expansión y mejorar la comunicación con el cliente».
La marca de la cadena de restaurantes quedó destruida tras un reportaje de TVN emitido en el otoño de 2007 en que se mostró la suciedad de la cocina de un local, lo que la llevó a la quiebra al año siguiente.
«Hoy tenemos un ingeniero en alimentos que supervisa cada uno de los puntos críticos y que permite dar una calidad que los clientes perciben y se nota en que nuestros locales están llenos», aseguró Gaio.
Además de la higiene, la empresa tiene tres locales nuevos que se suman a los seis que resistieron la quiebra. Uno de ellos está operando desde febrero en el Barrio Bellavista, otro partió el domingo pasado en Vitacura y el tercero se está armando en Isidora Goyenechea.
«Estamos pagando una deuda con nuestros clientes del sector oriente de Santiago, especialmente de Vitacura, que es donde más nos prefieren», aseguró Gaio y contó que renovarán su carta para generar una versión especial para niños «con porciones y preparaciones especiales y además queremos sumar juegos a los locales, para que los padres puedan hacer una sobremesa más tranquila».
Incluso apuntan a crear un club de fidelización, con tarjeta de clientes frecuentes y una versión para adultos y otra para niños.
Denuncia de suciedad
El verano en que tocaron fondo
Fue un Informe Especial de TVN que mostraba la suciedad con que funcionaba la cocina del local de la Piccola Italia en Manquehue el que le dio el golpe más duro a la empresa.
El que era su gerente de Administración y Finanzas, Sebastián Vanella, alegó en ese tiempo que «el 98 por ciento de lo que hablaron era mentira. Es súper fácil matar a una empresa por telévisión».
Las pérdidas fueron superiores a los tres mil millones de pesos y se estima que tras la quiebra de febrero de 2008 despidieron a 1.200 trabajadores.
«Yo no veo que exista daño para la marca y la mejor demostración es la gente que siguió siempre viniendo a los locales», dice hoy Miguel Gaio.


