En estos días la actriz está frenética preparando sus monólogos para la nueva temporada del único programa stand up de la TV.
«Hay algo que nos une a todas las mujeres. Desde la madre Teresa de Calcuta hasta Kenita Larraín, y son las infecciones urinarias», lanza Jenny Cavallo. El público estalla de la risa y Jenny gesticula, se mueve y también se ríe. Es su primer monólogo. Su primera prueba superada en el club.
Esa primera vez, ahí arriba del escenario de «El Club de la Comedia» estaba asustada. Ansiosa. Le dolía la guata. Era obvio que esa mañana de grabación todos los ojos estaban puestos en las debutantes: Jenny Cavallo, ex «Cabra Chica Gritona» (VIA X) y «Mala Conducta» (CHV) y Alison Mandel, ex «Transantiaguinos» (Canal 13) y «Comedor de diario» (Vía X).
A la grabación llegó mucho antes de la hora que la habían citado. Revisó su texto una y otra vez. Jenny no hablaba de los nervios. Tampoco comía. Sólo se pudo relajar cuando comenzó su actuación y sintió la buena recepción del público. Más se relajó cuando terminó todo, se tiró de espalda en el pasto de una plaza capitalina y comió un sándwich junto a su pololo.
Se nota que está contenta y entusiasmada con su nuevo trabajo. «Me encanta hacer comedia y estar en el programa oficial de stand up chileno, es una oportunidad súper interesante», cuenta. Pero Jenny ya tenía experiencia con los monólogos. Los había hecho en bares y en el programa «Cheese and Wine» de la señal VTR. Incluso no es su primera vez en el Club. Una vez fue invitada y se paró en ese mismo escenario que hoy la acoge.
-¿Qué es lo que más te gusta de hacer stand up?
-La capacidad de juego y la complicidad con el público. Me gusta lo imprevisto. Para mí hacer stand up no es estar hablando solo, también participan el espectador y el lugar. Cada vez que termino un monólogo siento más confianza en mí misma, te validas con la reacción de la gente.
Estás súper sobreexpuesta, porque eres tú y el micrófono, no tienes manera de protegerte y cuando tienes una respuesta positiva, el reforzamiento es muy grande.
-¿Qué ha sido más difícil los gags o los monólogos?
-Los gags son un desafío porque hay que ajustarse a un humor, a un tono particular que ya funciona, adaptarme al código que tiene el programa.
Con los monólogos me siento más cómoda porque no tengo que adaptarme a otros colores, sino que tú tienes que descubrir tu voz. Lo importante es que funcione. En este momento estoy descubriendo cuál es mi voz y cuáles son los temas que me dan risa.
-¿De dónde salen las ideas?
-Durante la semana me voy fijando en situaciones que pueden ser divertidas y las anoto para trabajarlas. Y bueno siempre tus conocidos te dan ideas de situaciones o cosas graciosas que les han pasado.
El club del machismo
A fines del año pasado el programa de Chilevisión se vio envuelto en una polémica de proporciones cuando se quedaron sin rostros femeninos. Las actrices Natalia Valdebenito -la otra cabra chica gritona- y Natalie Nicloux acusaron a los hombres del elenco de machistas.
Cuando se supo que Jenny era la nueva integrante del club a muchas personas le llamó la atención. Natalia y Jenny son amigas desde los años que vestían el característico uniforme para interpretar a la «Cata» y la «Isi» en el ya mítico «Cabra Chica Gritona».
-¿Hablaste con Natalia cuando te llamaron de «El Club de la Comedia»?
-Obvio, si somos amigas. La llamé cuando me contactaron y hablamos. Yo aún no tomaba la decisión, pero fue más para comentarlo que para pedirle un consejo.
-¿En algún momento pensaste que te podía pasar lo mismo que a ella?
-No, nunca pensé que porque la Natalia tuvo una mala experiencia, a mí me iba a pasar lo mismo.
No porque a otros les pasa algo a mí me va a pasar lo mismo. Todos somos distintos y no hay que tener mala predisposición por lo que les pasó a otros. Acepté porque lo consideré un desafío profesional y me me gusta mucho el programa.
Copano, todo un galán
Fabrizio Copano es el galán ese sábado de grabaciones, el favorito de las mujeres que, más que reírse de sus chistes, parece que fueran a verlo a él. Pero Copano no se cree el cuento. Posa para algunas fotos y saluda a sus fans.
Son las dos de la tarde y por Inés Matte Urrejola caminan pequeños grupos de quinceañeros con pinta de pokemones. Algunos parecen Emo, pero son los menos. Hay harto piercing, pitillos negros, camisas a cuadrillé y zapatillas Converse. Es el público fiel que sábado tras sábado asiste al estudio número seis de Chilevisión para ver a sus ídolos en las grabaciones de los monólogos.
Mientras sus seguidores hacen la cola frente a un portón negro, adentro, los integrantes del club están reunidos en una sala donde está el catering. Algunos conversan, otros se ríen y un concentrado Juan Pablo Flores se pasea con un papel en la mano y repasa su rutina. Cuando el público esté sentado y comience a sonar la canción The Fallen de Franz Ferdinand, la coordinadora de piso dirá que es hora de aplaudir y todos la imitarán.
Al final de las grabaciones los más fanáticos esperarán a sus ídolos, se sacarán fotos con ellos, les pedirán autógrafos y los más tímidos sólo los saludarán. Ahora sólo les queda esperar hasta el próximo sábado donde volverán y repetirán la misma rutina.


