Ayer terminó el peor «Pelotón» de todos los tiempos y no es casualidad que del lado de Canal 13 los últimos realities («1810» y «1910») también hayan sido objeto de críticas y generado más bostezos que entusiasmo. Algo huele muy mal en este género en Chile, a sólo siete años de llegados al país. Y la crisis, a mi modesto entender, pasa por cuatro factores.
1.- Ya sería hora de ir dejando atrás la etapa de los peluseos entre pailones y pasar de lleno a la fase del reencantamiento. Al principio era divertido ver a Ernesto Lavín y Fabricio desarmándole la cama a otro participante para que cuando se acostara terminara con su humanidad en el suelo. O ver a Luchito Barrios (nombre clave: Giordano) jugando en la base de «Pelotón» como si tuviera 12 años. Al constatar que estas travesuras cruzan todo el horizonte de contenidos de los actuales realities, el tema ya se vuelve preocupante. Y francamente aburrido. Los guionistas de estos programas ya no pueden ser más descarados para sacar la vuelta.
2.- El tema de la tensión en la convivencia era un ingrediente que concitó mucho interés en realities como «Protagonistas de la fama» y «Tocando las estrellas», casualmente los dos primeros junto con «Refugio Mekano». Eso se ha ido perdiendo y ahora las asperezas se liman a tal punto que si uno ve los capítulos finales de los actuales realities nunca diría que alguna vez hubo roces. Nunca más volvimos a ver conatos como los que hubo entre Óscar Garcés y Jorge Olivares, entre Adriano Menichetti y Marcelo Castillo («El guatón mamón») y entre Fabricio y Renato Munster. Lo de Pamela Díaz y Adriana Barrientos fue un show fome y mal actuado.
3.- No hay mecanismos sólidos para evitar deserciones. El régimen de cautiverio es insólitamente flexible. A «1910» Pamela Díaz ingresó sabiendo que iba a estar un par de semanitas. En los anteriores «Pelotón» María Eugenia Larraín entraba y salía como Luis Miguel. perdón, Pedro, por su casa. En la temporada que terminaba anoche bastó que el instructor Devia mandara a una azafata (Mariana Usach) a dormir fuera de las barracas para que ella pidiera un taxi y se mandara a cambiar. ¿Acaso no existen cláusulas que obliguen a esta gente a cumplir un mínimo de deberes en el contrato de trabajo?
4.- Las pruebas finales representan una desventaja evidente para las mujeres que llegan a estas instancias. Y si no que lo digan Angélica Sepúlveda, Adriana Barrientos y la misma Quenita Larraín, pese a que ella en su momento recibió la solidaria y tramposa ayuda de un amigo pascuense y otra de su pareja de entonces, el obnubilado Nabih Chadud, que aparentemente se dejó perder en aras de un amor que no duró.
En síntesis, es de esperar que en los realities que vengan se despabilen los guionistas, vuelva a correr sangre (en sentido figurado), se verifique un auténtico encierro y tengamos un ganador por cada sexo en competencia, caramba.


