Ante una platea de 41 profesionales en el Colegio de Periodistas
Harold Mayne-Nicholls llega en una van blanca al centro de Santiago. Estaciona en el subterráneo de La Moneda y camina hasta Amunátegui 31, donde lo espera una platea de colegas en el Teatro Camilo Henríquez, evento organizado por el Colegio de Periodistas.
Hay 41 asistentes y quedan tres tercios de sillas peladas. Son las 20.43 y Harold sube al escenario. Ofrece disculpas. «Me atrasé porque tenía el concierto de batería de mi cuarto hijo y, la verdad es que le he fallado tanto este año que quise estar en esta última actividad con ellos», dice y saca sonrisas.
Ese, el personal, familiar, fue uno de los costos pagados por el timonel de la ANFP en estos cuatro años. Ahora que perdió la presidencia, no sigue y se niega a ir a la reelección, el periodista decide contar su verdad. Le pide a Claudio Olmedo, su jefe de prensa, que eche a correr su presentación en powerpoint y empieza a desembolsar.
Habla de sus logros, la integración de los jóvenes, las mujeres, los más desposeídos al fútbol. Que Marcelo Bielsa logró lo que le pidió cuando firmó por la Selección. «Rigor en los entrenamientos, disciplina 24 horas y que les devolviera la humildad a los jugadores. Si usted es capaz de darme eso, no importa si quedamos eliminados, le dije», recuerda Harold.
Todo lo que dice lo avala en cifras y en videos proyectados sobre un telón. Todo muy bien pensado. Hasta que llega al punto clave. Explica la distribución de dineros del Canal del Fútbol (CDF) en los clubes, el gran negocio del fútbol chileno. Da tablas por años, instituciones y agrega que la brecha entre equipos de Primera A y Primera B se redujo en su período. Al final de todo, exclama: «¡Por esto nos sacaron!».
Hay un silencio en la sala. La verdad de Harold, su verdad, está en los números. Dice que cuando llegó el 2007, Colo Colo, siempre el top one, recibió 283 millones de pesos y cada club de Primera B, 108. Que el 2008 fue una relación de 400-59; el 2009, 479-144, y este año, 579-346. Es decir, la línea entre clubes grandes y chicos había desaparecido.
«Cuando me preguntan por qué nos echaron, por esto nos echaron, la equidad no existe. ¿A quién le dolió? A los que ya no son 10 veces que el otro, no hay más que buscar. Estos números son incontrarrestables y yo no puedo entender que todavía no haya una publicación en el país que haya usado estos números, que diga esta es la verdad de la milanesa. Por primera vez en el fútbol chileno logramos que las cosas se acercaran, que todos partan la carrera de donde mismo», asegura.


