«Esta tragedia entra en las peores de nuestro país»

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Cristián Gazmuri, historiador y académico de la Universidad Católica

«Más de 80 personas fallecidas desgraciadamente es una cifra muy poco frecuente y sin duda que entra en las peores estadísticas de nuestro país. Es de esos hitos que pueden tener consecuencias sociales», explica el abogado, historiador y académico de la Universidad Católica, Cristián Gazmuri, intentando sopesar y contextualizar lo ocurrido en el penal de San Miguel en medio de los 200 años de vida republicana de Chile.

«Pensando de manera fría, tratando de aislar los sentimientos, nuestras mayores catástrofes se deben a terremotos y tsunamis, vale decir a desastres naturales. Eso ocupa, por lejos, un primer lugar en esta lista fatídica», cuenta.

-¿Qué otro evento les sigue dentro de esa misma lógica?

-Depende, porque si hablamos de personas muertas, evidentemente que habría que retrotraerse a las guerras contra otros países y a los enfrentamientos civiles, de los cuales en el siglo XIX tuvimos cuatro. Sin embargo, me parece que estos eventos caen dentro de una categoría distinta. Lo mismo que las masacres de trabajadores por parte del Ejército.

-¿Usted se refiere a Santa Maria de Iquique, de 1907, donde habrían perecido oficialmente más de 200 obreros, aunque hay especulaciones que extienden aquel número?

-Claro, aunque no es la única. También están la matanza de la Oficina Salitrera La Coruña (1925), la «Huelga de la Carne» de 1905, en Santiago, y otra de 1903, con los trabajadores portuarios. No obstante, insisto en que estos hechos, si bien son tremendamente trágicos, responden a otra génesis mucho menos circunstancial, si tú quieres.
Crisis del humo

Gazmuri, quien ha escrito sobre el ex Presidente Eduardo Frei, sobre Diego Barros Arana y sobre la historiografía chilena, entre muchos otros temas y publicaciones, dentro de esta misma lista de sucesos terribles a continuación coloca a la llamada «Tragedia del humo».

«Fue un episodio muy lamentable y con algunas características similares al actual. De hecho, con un número de víctimas muy elevado», acota.

También conocido como «El humo», este capítulo, ocurrido en junio de 1945, bajo la presidencia de Juan Antonio Ríos, es uno de los mayores, si no el mayor accidente sucedido en una mina metalífera chilena. En El Teniente, de Rancagua, por aquel entonces propiedad de la Braden Copper Company , perecieron asfixiados 358 trabajadores producto del humo de un incendio que se declaró en una de las fraguas de ingreso al yacimiento.

«Detrás de estos hechos me parece que ya podría aparecer el penal de San Miguel, como también la muerte de los soldados de Antuco», destaca Gazmuri.

-No es común en nuestra historia carcelaria.

-Aunque no soy un experto en este tema, me parece que no. Hay otros países de América que poseen una lista más antigua e importante de desórdenes penitenciarios y motines. No creo que sea distintivo de Chile, pero nos afecta mucho, porque nuestro país, por una cuestión social, también es muy sensible al dolor y al sufrimiento, al menos en este tipo de hitos. No son cosas que veamos tan seguidas, como otras sociedades, y claramente nos impactan mucho.

Aldo Duque: «Hay zonas de ese penal que están controladas por los reos»El abogado Aldo Duque, ex defensor de Anita Alvarado, conoce bien los rincones del penal de San Miguel. Varios de sus clientes han trajinado por allí, entre ellos Feliciano Palma, aquel empresario que se hizo conocido por una millonaria estafa al Fisco cuando era propietario de «Lozapenco», a fines de los años 80, y el cubano Michel López Vargas.

«Esto que ocurrió en San Miguel es la crónica de una tragedia anunciada. Todos los abogados que vamos a esa cárcel sabemos cómo funciona. Hay sectores, como la torre 5 que se incendió y varias otras, a los cuales los gendarmes no entran porque sencillamente no se atreven. Son lugares que están totalmente dominados por los presos y por las bandas que hay dentro del penal», cuenta.

Duque agrega que «adentro es un caos. La gente vive en piños y sólo duermen en literas los tipos malos y líderes de bandas. El resto descansa en sillas o en el suelo. El grado de violencia es extremo, está lleno de elementos combustibles y las chichas que producen los internos con pintura, aerosoles y tabaco descompuesto, deja al antiguo pájaro verde como bebida de niños. Y frente a todo eso, el control de los gendarmes es apenas perimetral».

 

Las pelotas con droga y celularesP ocos días antes del incendio, el 1 de diciembre pasado, el penal de San Miguel ya había hecho noticia debido a un osado sistema para ingresar drogas y teléfonos celulares, a raíz del cual fue detenida y formalizada por micrográfico una banda, compuesta por 3 jóvenes de entre 20 y 22 años y una menor de edad (17)

Según lo que en ese minuto informaron la 12ª Comisaría de Carabineros y la fiscal Caterina Pontarelli, pasadas las 12 de la noche los muchachos se trepaban a los techos de la Corporación Judicial de San Miguel, aledaña a la cárcel, y desde allí lanzaban verdaderas pelotas de esponja hacia los reclusos, cargadas con los celulares, enchufes de los móviles, paquetes con cocaína y marihuana y otros objetos. A veces incluso enviaban esas bolas con bates de béisbol, para que llegaran más lejos y lograran apuntarle a las ventanas de los internos.

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