Antonio Gil recrea escándalo de pedofilia en el Chile del 1900

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El poeta y narrador publica la novela Carne y Jacintos

«Si hay una época desconocida y oscura en la historia de Chile, esa es la de principios del siglo 20», dice Antonio Gil sobre el periodo en el que situó su nueva novela, Carne y Jacintos , recién publicada por Sangría Editora.

El poeta y narrador -cuyas columnas aparecen semanalmente en este diario- ha retrocedido hasta 1905 para escribir sobre tres acontecimientos ocurridos ese año: un levantamiento popular, un escándalo de pedofilia y la iniciación en la masonería de un sacerdote que ha decidido cambiar el contenido de su prédica.

De ese modo, en poco más de 200 páginas el lector revive asuntos como una huelga organizada para pedir al entonces presidente Riesco la reducción del impuesto a la carne argentina, las denuncias de abusos sexuales a alumnos del colegio católico San Jacinto y la cruzada personal que emprende el Pope Julio, un tipo delirante, como lo define el escritor.

«Todos los personajes de la novela son reales y lo sorprendente es que, a la vez, son inverosímiles. Yo funciono en base a obsesiones y recuerdo que desde que era muy niño existía en el imaginario de las nanas de mi abuela la figura mitológica del Pope Julio. Era un hombre muy culto, que resuelve en una etapa de su vida sacerdotal adoptar las doctrinas positivistas de Comte», explica Gil, autor de novelas como Hijo de mí , Cosa mentale y Cielo de serpientes .

El relato va y viene entre el destino que enfrenta el sacerdote renegado (y excomulgado, por cierto), la sublevación de la carne -que fue reprimida violentamente y dejó entre 200 y 250 muertos- y el descubrimiento de las violaciones a los estudiantes del citado colegio.

«Me tomé bastante tiempo en investigar, porque es información que está muy escondida. Pasó lo mismo que ahora: a los curas responsables los llevaron a otra parte o no estaban donde se suponía que debían estar. Se desencadenó una ola de denuncias que alcanzaron a otros colegios católicos. Fue un escándalo espantoso. Hubo un intento por silenciarlo en los medios conservadores, pero existía en ese momento una prensa de izquierda seria, activa, con capacidad para investigar y coraje para decir las cosas», cuenta el autor.

-Las descripciones de los abusos sexuales no son muy extensas, pero sí espantosas.

-Esa era la idea: espantar. La pedofilia en la Iglesia Católica tiene que ver con el placer del abuso y la impunidad. La gente ama el autoritarismo, junto con este doble estándar nacional, que tiene su origen en una Iglesia que predica la palabra de amor de Jesucristo, mientras con una espada va cortando la cabeza del que puede.

-Parece muy oportuno publicar esta novela ahora, sobre todo por la contingencia que tienen, en Chile y el mundo las violaciones cometidas por sacerdotes.

-Desgraciadamente es oportuno. Siempre es una desgracia constatar hechos tan repulsivos. Esta novela habría sido bastante actual en cualquier momento, pero sobre todo hoy, con la figura de Karadima, que es una figura que evidencia el hecho de que estamos gobernados por una clase política que ha sido sodomizada por Roma, intelectual y físicamente. No sabemos quiénes son los que pasaron por la alcoba del padre Karadima y nunca lo sabremos. Su blindaje está destinado a evitar que se sepa.

La sublevaciónHay un personaje ficticio en la nueva novela de Antonio Gil: se trata de Justo Bravo, un periodista corajudo, como lo dice su nombre, que reportea la huelga de la carne. Las manifestaciones duraron tres días y partieron con la idea de los participantes de entregar al presidente Riesco una carta donde solicitaban la rebaja del arancel.

«Luego de la visita a La Moneda se produjo una sublevación encabezada por grupos anarquistas. Fue sofocada. Pasó mucho tiempo hasta que se redujo el impuesto», comenta el autor.

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