Manual del asesino perfecto con cara de inocente

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La divertida comedia Mindfulness para asesinos, de Netflix

Por muy macabro que suene, una práctica nacida para mejorar la vida de las personas, las puede convertir en criminales sin remordimientos. Aquella es la premisa de la original comedia alemana «Mindfulness para asesinos», extrañamente divertida, quizás porque su idea inicial es improbable, por no decir absurda.

Entre los instructores que la pregonan, el mindfulness es una técnica para que quien la practique respire y se concentre en lo que está viviendo en el minuto, reduciendo la ansiedad por todas las cosas que ha dejado pendientes. La serie se cuelga de esa creencia para presentar a un abogado cuarentón que desea librarse del estrés de su trabajo, pero todo se tuerce de forma increíble.

Resulta muy gracioso ver cómo los consejos de un terapeuta permiten al tipo enfocarse para mentir y urdir males sin ponerse colorado. Otro punto muy destacable es que el protagonista, el actor Tom Schilling, tiene una irreprochable cara de yo no fui, además de lucir un enorme parecido con su colega James McAvoy («Expiación, deseo y pecado», «Fragmentado»).

El contraste entre las acciones, el perpetrador y el método que emplea para conseguir sus propósitos produce una extraña sensación más parecida al escalofrío que a la carcajada.

El tono ligero de la ficción permite que la eficiencia para obrar el mal y la falta de empatía, no caiga en la misma categoría monstruosa de los nazis de la película «Zona de interés» (2024). Mirados de cerca, tienen en común ser padres atentos, al mismo tiempo que la otra cara de su personalidad les permite ser criminales sin cargo de conciencia.

Por otro lado, aunque parezca similar a la propuesta de «Breaking bad», existe un mundo de diferencias. De partida «Mindfulness para asesinos» es una comedia, incómoda, inusual, pero muy efectiva sobre un tipo que logra fragmentarse para actuar como un delincuente, en lugar de volverse un monstruo como el protagonista del drama norteamericano.

Volviendo a la serie alemana, mantiene siempre un ritmo acelerado, con capítulos breves de media hora o menos, siempre interrumpidos en el momento preciso para enganchar al espectador. Ideal para una maratón al inicio de año.

La serie, además de enfrentar al espectador a una disyuntiva ética, pone en evidencia cómo hoy todos somos un poco esclavos del teléfono y el trabajo.

Salir de ese mar de estrés puede ser más difícil si el celular suena todo el tiempo, como lo sabe cualquiera que esté leyendo estas líneas. Por eso, ¿no le gustaría no ir a trabajar y no pedirle a nadie excusas? ¿Y ganar la libertad y el tiempo que pierde en defenderlas? ¿Qué estaría dispuesto a hacer?

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