El campeón de la Libertadores y su duradera relación de pareja con Griselda Corazza
Morón cuenta que en cuanto se pusieron de novios, su señora le dijo que se casarían: Tres años exactos después, se convirtió en mi esposa.
La imagen fue, como se dice hoy, viral: Daniel Morón acababa de ganar la Copa Libertadores tras vencer a Olimpia y su señora, Griselda Corazza, con su hijo Matías en brazos, le cuenta en la cancha del Monumental que está embarazada.
«Fue un shock porque venía con las revoluciones a mil, celebrando el título y de repente me cae con esta noticia que la había mantenido en secreto para no desviar mi atención de la final».
Al final, tuvieron tres hijos y con una curiosidad.
«Sí, todos tienen dos nombres y ambos empiezan con la letra M: Matías Martín (37), Mayra Micaela (32) y Mauro Martín (23). ¿Por qué? Porque cuando estaba por nacer Mati, buscábamos nombre y no nos poníamos de acuerdo con Griselda. Y surgió Matías y yo dije que podríamos ponerle otro nombre con M para que fuera el «3M». A Griselda le gustó y luego seguimos con la misma idea con los otros dos».
Su hija fue la única futbolista.
«Jajajá, es cierto. De chica me acompañaba a entrenar y peloteaba. Le quedó gustando y jugó en algunos equipos. Entró a estudiar kinesiología en la Universidad Finis Terrae y fue parte del equipo. Es lateral, pero de esas que ponen el hacha, jajajá».
¿Cuántos años lleva junto a su señora?
«Son 45 juntos y 42 de casados. O sea, ya no me dejó, jajajá. Y menos la voy a dejar yo a ella».
¿Eran del mismo barrio?
«Nos conocimos en el club Andes Talleres de Mendoza. Yo jugaba fútbol y ella, hockey patín, y yo la iba a ver porque nos encantaba mirar las piernas de las hockistas, jajajá. Y las de Griselda siempre han sido lindas».
¿Y entró al tiro en la de conquistador?
«No, fue de a poco, nunca tan canchero. El club, que es como son todos los clubes en Argentina, tiene sentido social y se organizaban fiestas y por ahí uno tenía la posibilidad de conocer a estas niñas. Los futbolistas nos agrandábamos porque éramos como los más importantes deportivamente, pero igual había que trabajar en la conquista».
Funcionó la estrategia.
«Sí, pero fue Griselda la que siempre impuso todo. Nos pusimos de novios un 7 de agosto y ese día me dijo: «Con vos, me caso». Y tres años después exactos, o sea el 7 de agosto, nos casamos. Cuando estábamos en eso, me lo recordó jajajá».
¿Se habituó rápido o le costó venirse a Chile?
«Al principio, no fue fácil porque nos vinimos con Matías muy chiquitito. Fue en 1987 y vivíamos en la calle Padre Mariano, en Providencia. Era plena dictadura y varias veces nos topamos con guanacos y lacrimógenas por las protestas».
Y le costó ganarse el puesto en Colo Colo, pese a ser pedido por el entrenador Arturo Salah.
«Es cierto. Pero Arturo fue siempre muy claro: me dijo que le interesaba promocionar a un arquero formado en Colo Colo, Marcelo Ramírez, y que yo debía esperar, que habría una oportunidad».
¿Fue muy frustrante?
«Sí, pero al final fue incentivador. Todas las tardes, tras los entrenamientos y el almuerzo, me iba con Griselda y Matías en el coche a entrenar a orillas del Mapocho, en los parquecitos. Nunca decaía hasta que me llegó la opción».
¿Cómo fue?
«Ese año se jugaba por tramos el campeonato y ganar uno significaba clasificarse a la liguilla. Colo Colo ganó el tercer tramo y Arturo me dijo que yo jugaría el cuarto tramo para ganar minutos».
Y la rompió.
«Debuté en Quillota, ganamos y anduve bien. Seguí jugando bien, pero me imaginaba que en la liguilla jugaría Marcelo, pese a que Hugo Rubio, con quien hice amistad, me insistía que iba a jugar yo. Y tuvo razón. Jugué y luego de eso ya me sentí titular».
Hizo una gran carrera y se nacionalizó. ¿Qué le queda de argentino?
«Muchas cosas. Me siento más colocolino que chileno. Nací en Argentina, tengo a mi vieja (Rita Bernarda Salinas) allá, si me preguntan de qué equipo fui de chico, digo que de Boca y que mi ídolo era Hugo Gatti. Todo eso queda pese a que no soy de ir a cada rato a Argentina. Me siento argentino y, claro, también chileno. A uno lo amo como si fuera mi madre y al otro como si fuera mi esposa».
Y cuando en la cancha se enfrentan esos dos amores. ¿A cuál le va?
«Le sigo yendo a Argentina. Sólo una vez quise que ganara Chile: la final de la Copa América 2015. Quería que Mauro Martín viera a Chile campeón. En la otra, la Copa Centenario, volví a ser hincha de Argentina. Ahí me tocó perder, jajajá».


